Han detenido a una madre en Nashville, Tennessee, por traer una
stripper a casa para la fiesta de cumpleaños de su hijo de 16 años. Se
llama Anette Pharris, tiene 34 años, y dice que quiénes son ellos para
decirle lo que puede o no puede enseñar a su propio hijo. Añade que
ella no le ha hecho ningún daño y que sólo quería hacer algo diferente.
Pero está acusada de contribuir a la delincuencia de un menor y de
implicarle en actos obscenos. También están acusados el padre del
chico, la stripper y dos individuos más. En la fiesta había 10 personas
menores de 18 años. La madre hizo fotos, las llevó a un establecimiento
cercano, y el que se encargaba del revelado la denunció a la policía,
según la MSNBCNews.

Una pregunta: ¿Ana y los siete no iba de una stripper que cuida niños pequeños?

El Bullying o acoso escolar,
además de causar traumas puede ser mortal, como ya se ha comprobado con
los suicidios de Jokin, de Hondarribia (Guipúzcoa), y de Cristina, de
Elda (Alicante). Por eso, SOS Bullying recomienda que se actúe rápido.
Pide a los padres que escuchen a sus hijos con atención para conocer la
situación que viven éstos e intenten situarse en su lugar para tratar
de comprender cómo están viviendo el acoso. Parece que el caso de
Cristina ha aumentado la alerta y se han multiplicado las llamadas de
los padres a este servicio, que, en los siete meses que lleva en
marcha,  ya ha recibido 4.200 demandas.

Según Ferran Barri,
psicólogo y presidente de SOS Bullying y de la Asociación Nacional de
Profesorado de la Enseñanza (ANPE) en Cataluña, es un problema que
siempre ha existido, pero ahora se habla más de ello y está en ligero
aumento. Barri lo achaca a los valores erróneos que inculcan la
televisión y los videojuegos; al menor tiempo que pasan los padres con
los hijos; y al poco prestigio de los profesores. La violencia entre
los niños también ha cambiado. Del enfrentamiento cara a cara con puños
se ha pasado al seis contra uno con navajas incluídas. «Nunca antes
habíamos visto armas blancas en los colegios», dijo Barri al 20 minutos.

SOS Bullying es una iniciativa de ANPE y su teléfono es el 93.301.29.13

Extracto de una carta de un lector de 20 minutos:

«Sufrí acoso desde los 11 años y durante más de cuatro cursos (dos
horribles). Desde entonces no he podido confiar en los demás. Me
insultaban, me pegaban, me obligaban a hacer sus trabajos… Había
otras prácticas divertidas, como bajarte los pantalones a traición en
el centro del patio o cogerte entre una turba de desalmados y
aplastarte tus partes contra una columna.»
J.D.G. 29 años

Buzz Aldrin (Montclair, New Jersey, 1930), uno de los tres
astronautas que pisaron la Luna por primera vez, acaba de publicar un
libro para niños en el que cuenta sus experiencias en el espacio. Dice
que las películas de ciencia ficción y sus efectos especiales dan una
impresión equivocada de la vida en el espacio y su libro ofrece algo
más tangible. En él relata su propia historia, desde sus años de infancia en Nueva Jersey hasta su alunizaje, el 20 de julio de 1969. Según The Register, el libro —titulado: Buzz Aldrin: Reaching the Moon— está dirigido a niños de entre seis y nueve años. Según Amazon, de entre nueve y 12. 

El año pasado se registraron 259 denuncias de malos tratos de hijos a
padres o a abuelos, un 63% más que el año anterior, según la memoria presentada por
el fiscal de menores Manuel Dolz. Los presuntos agresores «no
pertenecen a familias desestructuradas, sino que son niños consentidos
y sobreprotegidos», dijo la psicóloga de la colonia San Vicente Ferrer,
centro en el que se imparte un curso de pautas de crianza para padres
maltratados. «Estos niños aprenden en algún momento que pueden
conseguir lo que quieran amenazando o pegando a sus padres, y algunos
desde muy pequeños», añade la especialista.

Más cifras de la Fiscalía de menores de 2004, según publica 20 minutos:

—7.393 menores se vieron implicados en algún delito o falta. 

—Hubo 2.123 detenidos y se celebraron 1.344 juicios.

—Se tomaron 1.408 medidas judiciales. De ellas, 70 fueron internamiento
cerrado, 444 libertades vigiladas y 181 prestaciones en beneficio de la
comunidad.

—Se cometieron 955 hurtos (744 más que en 2003).

—Se realizaron 453 informes de mediación (sirven para no llegar a juicio).

—9 homicidios fueron perpetrados por menores en 2004, seis más que el año anterior.

Portada de junio de 1977

El ex presidente del gobierno Adolfo Suarez (Cebreros, Ávila, 1932) ya
no reconoce a nadie a causa del Alzheimer. Su hijo estuvo ayer en el
programa de Las Cerezas y dijo: «Ya no recuerda quién fue, aunque se
muestra participativo a
las muestras de cariño que le ofrecemos, interviene en algunas
conversaciones con nosotros y sobre todo con sus nietos».

Y hablando de adolescentes…. Según un estudio que publica hoy la CBS, los más populares de la escuela se meten en más líos que los peor considerados. Los que consiguen ese éxito social
son más propensos a caer en la bebida, fumar marihuana, cometer
pequeños robos y actos vandálicos que los jóvenes menos
populares.  Los investigadores, de la Universidad de Virginia, aseguran que este estudio contradice la extendida creencia de que si eres el más querido por tus compañeros, estás a salvo.

El trabajo se basa en una encuesta realizada a 500 estudiantes del área de Charlottesville.
Aunque en el web de la CBS no se cita el nombre del director del
trabajo ni dónde se publica, es muy probable que tenga algo que ver con Murray Milner, profesor emérito de sociología de dicha Universidad y autor del libro: Freaks, Geeks and Cool Kids: American Teenagers, Schools, and the Culture of Consumption.

Milner lleva décadas estudiando la relación entre los adolescentes
americanos y la sociedad de consumo, y es un experto en patrones
sociales entre los adolescentes. En septiembre de 1996,
ya describía cuáles eran las clases entre los jóvenes, según ellos
mismos, y presentó sus hallazgos en el encuentro nacional de la Asociación Americana de Sociología celebrada ese año en Nueva York.

Milner  analizó los sistemas de estatus entre adolescentes en
18 escuelas de lugares como Nueva Jersey, West Virginia, California y
Washington, D. C. y encontró que todos se reconocían entre alguna de
estas clases sociales:

Gente popular. En lo más
alto del escalafón, están las chicas más atractivas y los jóvenes
deportistas. Llevan ropa a la moda y son los más admirados de las
escuelas.

Un subgrupo de los más populares son los llamados preppies (una especie de pijos, que van al preparatory school).

Los Nerds
están en un estrato bastante bajo. Son los se muestran preocupados por
su éxito académico y más que ir a la última moda parecen sacados de un
laboratorio de los años cuarenta: gafas de concha, bolígrafos en
el bolsillo, pajarita, y un tanto maniáticos, … Están muy bien
retratados en American Splendor.

Los Dorks o Geeks
son los que están más abajo: A estos no se les da nada bien eso de
socializar y, además, no suelen ir muy bien en los estudios ni en los
deportes. Sin embargo, el término geek suele ser pronunciado
con orgullo entre los propios miembros del grupo. Son tecnófilos, seguidores de Star Trek, de Linux, … y tienen hasta su propio código.

Los Weirdoos o druggies:
llevan ropa y peinados extravagantes, y ornamentación corporal
(piercing, tatuajes,…). Este grupo no suele considerarse ni arriba ni
abajo en el escalafón. Son neutrales y están fuera del sistema. Con su
atuendo, tratan de simbolizar un rechazo a la autoridad de los adultos
y al dominio cultural de los más populares, según Milner.

Por último, los Hoodlums
se identificaron como un grupo en un par de las escuelas estudiadas.
Son jóvenes asociados a bandas callejeras que sólo buscan camorra.

Milner encontró que contar chistes o hacer cosas que hagan reír a la
gente en clase es motivo de admiración. También lo es llegar tarde o,
directamente, saltarse la clase. Para las chicas, salir con uno de los
atractivos atletas es un empujón hacia arriba en el  escalafón
social dentro del grupo. Las fiestas son otra vía para conseguirlo:
organizar una en un sitio atractivo suma puntos, y si es con alcohol,
mucho más.

Para ser sinceros, esta descripción de la adolescencia americana recuerda a la película Grease, pero con algunos personajes nuevos, de este siglo, como los geeks.

Veo el patio del colegio desde la ventana. Una ventaja. Hoy estamos
haciendo un simulacro de cumpleaños. Ana los cumple en época de
vacaciones pero no se podía quedar sin su día especial
en el colegio, ahora que todavía cuelan esas ventajas sociales. Como a
todos los niños, le han hecho una corona de cartón. Y veo que ella, que
rara vez soporta una gorra por más de unos minutos, va muy contenta con
su corona blanca sin quitársela ni un segundo. Esta tarde, la última
tarde del curso, llevaremos el enorme pastel y las chucherías que se
suelen regalar a todos los niños. Aquí no suele ser un caramelo a cada
uno, como antes, sino una bolsa con un amplio surtido de golosinas,
gusanitos, chupa-chups, globos, … Yo hubiese preferido regalar un
“pompero”. Pero imaginaba a los 18 haciendo pompas al mismo tiempo y a
la maestra enloqueciendo, y desistí. Ayer decidimos preparar las bolsas
en casa. Ana distribuyó el surtido en las 18 bolsitas, y después les
atamos lazos rojos a cada una.

Cuando somos mayores, esperamos tanto de los días especiales que
suelen acabar siendo una pesadilla. A Woody  Allen, cuando cumple
años, cada 1 de diciembre, suelen preguntarle: «¿Qué te gustaría para
este día?» Y responde, sin dudarlo: «Que no ocurra nada malo».

He encontrado algo que escribí al principio de este curso, el
primero en la vida de Ana:

 «En la clase de Ana hay un niño que
se muerde la mano hasta hacerse sangre. Grita y patalea todo el tiempo,
y se tira del pelo. Ana dice que tiene los dientes de un tigre y que
menea la cabeza de un lado a otro cuando se muerde para hacerse pupa
roja. Parece sacado de la selva del Amazonas, con sus ojos rasgados, su
piel oscura y su pelo lacio, negro, largo. Siempre lleva un Spiderman
casi tan grande como él a todas partes. Su madre tiene cara de Cruella
De Vil. Mira a las madres inglesas con desconfiaza y a su marido con
respeto.
Angustiada por el espectáculo sangriento que tenía que presenciar Ana,
hablé con la psicóloga del colegio. Nos confesó que Cruella De Vil no
era precísamente un modelo de madre, que suele dejar a sus hijos solos
en casa —uno de tres años y otro de cinco— cuando se va a comprar o a
vete tú a saber dónde. Y que el pequeño ha aprendido a actuar así para
que le presten atención.
También hay una niña en clase que pega a todos los demás, sin
excepción, desde el primer día. Su madre siempre va vestida con una
chilaba a rayas con capucha.
Ana fue más o menos contenta el primer día
de clase, sin llorar, pero ahora dice que los niños de su clase no le
gustan, sólo las maestras, y que nunca dibuja soles ni hace nada, como
yo le había dicho que haría, y que no quiere volver. Llora a menudo y
le dice a Emma que quiere que venga su mamá. Y la pava de la maestra le
contesta que, si llora, yo no iré.»

Ahora está a punto de terminar el curso y Ana desea ir al cole a
todas horas. El niño amazónico ya no se muerde. La pegona, ya no pega.
Pero todos los demás han aprendido a dar patadas
y puñetazos. Ana lloraba el otro día en el Decathlon porque quería que
comprásemos un saco de boxeo rojo que incluía guantes a juego. La
verdad es que era muy bonito. Puede que sea una forma alternativa de gastar
esas energías. O puede que no.

«Hay una frase que me gusta mucho: “Deja que la gente viva en tu
corazón”. Cabe tanta como quieras. Cuando te escuchan, viven para
siempre en tu corazón. De ahí la importancia de las “cartas de la
libreta”». Estas palabras son del profesor Toshiro Kanamori, el
protagonista (junto a sus alumnos) del anunciado
documental que emitió anoche TV-3. Se grabó a lo largo de un año en su
clase de niños de 10 años en una escuela pública de la ciudad japonesa
de Kanazawa. Las cartas de la libreta son los escritos que cada niño
tiene que hacer en casa sobre el tema que corresponda. Después las leen
en clase en voz alta. Es un ejercicio que les obliga a compartir sus sentimientos, a
entender a los demás. Kanamori consigue así crear estrechos lazos entre
todos los niños de la clase, y, entre otras cosas, mantener a raya las situaciones de burla
o acoso contra el más débil que tanto proliferan últimamente.

«¿Para qué estamos aquí?», pregunta a sus alumnos. «Para ser
felices», contestan convencidos. Kanamori cree, además, que la tarea del maestro es enseñar
que la vida tiene un gran valor, enseñar la alegría de vivir. Como dice la voz en off al comenzar, esos niños están en una clase en la que a todos nos gustaría estar o haber estado.

El maestro tiene 57 años y se le murieron dos hijos cuando eran
pequeños. Ejerce su profesión desde hace más de 30. El documental se
titula CHILDREN – Full of Life: Learning to Care (Aprenent a cuidar, en la TVCatalunya) y ha recibido varios premios.