Noviembre de 2007, nº 25

Cine

Encantada: un cuento de hadas en Manhattan

Es una disparatada comedia que da un toque moderno a los cuentos de Disney.

Sin destino

Budapest, 1944. Gyuri es un niño de 14 años que vuelve de la escuela por última vez.

Vitus o la infancia prodigiosa

En el prefacio de "El Principito" dice: "Todos los adultos fueron niños alguna vez, pero pocos lo recuerdan". Y los padres de Vitus no son una excepción.

Setapart/Morguefile
África

Los niños brujos del Congo

En el Congo y Angola, se culpa a los niños de las desgracias y se les acusa de brujería. Cualquier enfermedad o penuria familiar provoca el abandono y la tortura infantil.

Olivier, un niño de nueve años, sabe que su madre murió hace tres años, pero no comprende por qué le culpan a él. «No soy un brujo», dice. «Yo no la hechicé». Su madre murió a causa de un virus que arrasó en Kinshasa, y un tío le acusó de brujería y le abandonó en la calle.

Desde entonces, Olivier trata de sobrevivir mendigando por los mercados de Kinsasha. El año pasado, volvió a casa de su tío para pedirle perdón. «Dijo que me quemaría vivo si volvía a verme», cuenta Olivier.

El caso de este niño es muy común en el Congo. Según Save the Children, en Kinsasha hay unos 30.000 niños en la calle, abandonados por sus familias y acusados de brujería.

Según esta organización, una reciente caída de precio de los diamantes en las minas de Mbuji-Mayi desencadenó el abandono de cientos de niños acusados de brujería. Y un informe del año pasado de UNICEF reveló que el número de niños acusados de brujería en esta zona es "masivo".

Algunos atribuyen el aumento de la persecución de niños a las guerras. Veintisiete años de guerra en Angola y constantes guerras en el Congo han dejado a muchos niños huérfanos, y pocos medios para alimentarlos. «El fenómeno de la brujería empezó cuando los padres empezaron a no poder cuidar de sus hijos», dijo Ana Silva, a cargo de la protección de niños en el instituto angoleño para los niños. «Así que empezaron a buscar una justificación para echarles de la familia».

Muchos de estos niños son torturados y sus agresores rara vez son castigados. En el año 2000. apuñalaron a un niño acusado de brujería. Una madre de Luanda le quemó los ojos a su hija de 12 años para librarla de lo que ella pensaba que eran visiones demoníacas. En agosto, un padre inyectó ácido de batería en el estómago de su hijo de 12 años porque temía que fuese un brujo.

El gobierno de Angola lleva desde el año 2000 en campaña para eliminar las creencias sobre brujas infantiles, pero no es fácil. Todo el mundo, desde los policías hasta los profesores o los líderes religiosos, cree en las brujas. Es una creencia extendida en la cultura bantú. Creen que las brujas hechizan a los niños dándoles comida y después les obligan a corresponderles con el sacrificio de algún miembro de la familia.

Desde el instituto angoleño para los niños están tratando de extender la idea de que los más pequeños no pueden ser brujas, y que la violencia contra ellos nunca puede estar justificada.

Aquí hay un documental sobre los huérfanos acusados de brujería. Atención al padre Frank, un sacerdote que explica cómo son los niños brujos. A continuación, un hombre explica que no sabía que existía la brujería, pero gracias al sacerdote ha podido comprender el secreto de sus hijos.


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