En las sociedades occidentales, lo que se considera más normal es
que los niños pequeños duerman solos. Algunos médicos incluso se han
hecho ricos recomendando una técnica que consiste en dejarles solos
llorando hasta que se queden dormidos. Sin embargo, no parece haber
ninguna ventaja para su salud ni  para su desarrollo en ese sueño
solitario. De hecho, hay estudios que demuestran todo lo contrario.
Investigadores de todo el mundo han desvelado que los niños que
comparten el sueño son más independientes, más desenvueltos y tienen
más confianza en sí mismos. Cuando llegan a ser adultos, tienen mayor
autoestima,  controlan mejor las situaciones de estrés, y se
sienten más cómodos en situaciones de intimidad que los adultos que
durmieron solos cuando eran pequeñitos. / Fuente: Baby Center

Acabo de leer algo que ya sabía pero que he podido constatar en los
últimos meses: «El sueño es esencial para la salud y el desarrollo del
niño. El sueño
promueve el sentirse alerta, tener buena memoria y comportarse mejor.
Los niños que duermen lo suficiente funcionan mejor y son menos
propensos a problemas de comportamiento e irritabilidad. Por eso es
importante que los padres ayuden a sus niños a desarrollar buenos
hábitos de dormir desde una edad temprana.»

¿Sólo a los padres?, me pregunto. Antes de empezar el colegio, Ana
dormía cada día una siesta de una o dos horas. Era una niña feliz,
alegre y muy despierta, nunca mejor dicho. Ahora, con ese absurdo
horario de 9 a 12:30 y de 15:00 a 16:30, ha tenido que reprimir a la
fuerza esa necesidad fisiológica de los niños y se ha convertido en una especie de Jekyll y Hyde que rompe el corazón.

A medio día, sale cansada de la escuela. El tiempo que dan es demasiado
para comer y muy poco para comer y dormir una siesta. A las cuatro y
media, cuando sale, está agotada, sin pilas. Aunque, sus compañeros
salen peor, porque la mayoría se queda a comer en el cole y pasa todo
el rato jugando y corriendo hasta las tres. Yo había leído que existían
escuelas infantiles donde los pequeños dormían con suave música después
de comer.

Muchas veces se hace muy duro esperar hasta la hora de dormir. Se cumple todo lo que dice en el párrafo citado
más arriba: falta de memoria y de atención, irritabilidad, … En
resumen, de lunes a viernes, la esencia de Ana se pierde en esa injusta
nebulosa escolar. Durante el fin de semana, vuelve a ser ella otra vez.
Me pregunto quién ha diseñado esos horarios. Quizás alguien que tiene
ni idea de lo que necesita un niño.

Están la mamá camello y su hijo. El camellito le pregunta:
—Mamá. ¿Por qué tenemos estas patotas tan grandes?
—Pues porque nosotros vivimos en el desierto, y estas patas nos ayudan a que no nos hundamos en la arena al caminar.
—Mamá, ¿y para qué tenemos estas pestañas tan grandes?
—Pues porque nosostros vivimos en el desierto, y hay tormentas de
viento, y estas pestañas nos ayudan a proteger los ojos de la arena.
— ¿Y por qué tenemos esta jorobota?
— Pues porque nosotros vivimos en el desierto, donde no hay agua, y en
la joroba tenemos reservas de comida y agua para subsistir más tiempo.
—Pero mamá, si nosotros vivimos en el desierto, ¿qué estamos haciendo en este zoológico?

Caminaba hacia la “zona de recogida de niños” del colegio cuando vi
salir de su flamante coche a uno de los pocos padres con los que hablo
(porque, salvo excepciones, los ingleses no muestran ni el más mínimo
interés en socializar con quien no sea británico). Su hijo va a la
clase de Ana. Es un hombre joven y muy amable que siempre usa ropa
clásica de marca y es el dueño de un famoso restaurante local. Viven en
un chalé y tienen dos o tres coches que alternan para traer y recoger
al pequeño. Su mujer me dijo un día que él era partidario de la
enseñanza privada y que ella no. Según ella, estudia quien quiere
estudiar y, quien no quiere, no estudia, independientemente de la
escuela donde vaya. Y lo dijo totalmente convencida de lo que decía.
Ahora me faltaba oírle a él. Después de las frases de cortesía
habituales, fui al grano: «¿Habéis pensado si os vais a quedar en este
colegio los próximos años? Tu mujer me ha dicho que tú prefieres la
educación privada». Encogió los hombros. «Si, es cierto, es que yo
estudié en un colegio privado», me dijo con cierto orgullo. «Supongo
que sí que nos quedaremos, pero no sé, ya veremos, total ahora están en
Infantil y da un poco igual».

The Modern School Movement es un libro que fue nominado al Premio Pulitzer
en 1981 y que se realizó a partir de extensas entrevistas a alumnos y
profesores que protagonizaron alternativas educativas en Estados
Unidos. Entre 1910 y 1960, anarquistas de diversos Estados crearon más
de 20 escuelas en donde los niños
pudieron estudiar en una atmósfera de libertad e
independencia en contraste a la formalidad y la disciplina de la clase
tradicional. Estas “escuelas modernas” intentaron suprimir
todas las formas de autoridad y crear una nueva sociedad basada
en la cooperación voluntaria de individuos libres. Su objetivo, en
época de guerra y de represión del
gobierno, era crear no sólamente un nuevo tipo de escuela, sino
también un mundo nuevo. Entre los participantes estaban Emma Goldman,
Margaret Sanger, Alexander Berkman, y Man Ray. Este libro se
considera el
trabajo más fino de Paul Avrich.

Cuando Jack se retira a la costa con su esposa Rose, piensa que el
final está cerca. Pero pronto descubre que la vida no es un ticket sólo
de ida. Después de un mortal ataque al corazón, Jack vuelve a la Tierra
reencarnado en un perro y, sin darse cuenta, es adoptado por Rose. Así
comiensa un extraño viaje de Jack en el que empieza a conocerse mejor a
sí mismo y finalmente aprende en qué consiste un buen matrimonio. De
eso va Gone to the Dogs. Lo mejor del web de la película es el juego. Es fantástico. Sólo tienes que responder unas sencillas
preguntas y descubrirás qué perro eres tú, o, mejor dicho, cuál se parece más a ti. Yo “soy” un Musterlander pequeño:

La película recuerda a otra titulada Fluke,
en la que un hombre muere y se reencarna en un perro que no para hasta
volver a casa. Una vez allí, aprenderá muchas cosas de su hijo, de su
mujer y de su propia vida que con el cuerpo de un humano fue incapaz de comprender.

Hoy he conocido a una madre musulmana que ha ido a llevar a su hijo
de cuatro años al colegio. Nunca la había visto antes. Llevaba un
pañuelo negro que sólo dejaba ver su cara, y un niño de unos dos años
cogido de la mano. Se puso a hablarme espontáneamente mientras
caminábamos hacia la salida del colegio. Me explicó que su hijo está
traumatizado porque habían tenido que cambiar de ciudad y de colegio a
mitad de curso. Acaban de llegar de Toledo. Allí su hijo estaba en una
escuela infantil donde se sentía muy feliz y donde él era «el jefe de
toda la clase» y «todos los niños le querían mucho». Hacían clases de
inglés dos días a la semana, con canciones y juegos, y él estaba
plenamente integrado.

Ahora ha aterrizado en una clase donde no conoce a nadie, donde le
hablan en valenciano, donde nunca hay clase de inglés, y donde el 90%
de los alumnos son británicos. «Cuando cuento que todos los niños de su
clase son ingleses me preguntan si es que lo llevo a un colegio
privado», dijo entre risas. Dice que el niño tiene pesadillas por la
noche, y que le dice a todas horas que no quiere volver. «Yo no sé,
pero… ¿el valenciano para qué sirve, además de para quedarte aquí
siempre?», preguntó. «Yo creo que es más importante que aprendan inglés
y castellano, y, después, el valenciano que lo aprendan en la calle,
como yo he aprendido el español». La mujer, por cierto, hablaba
perfectamente el castellano.

Hablando de la
inmigración, se ha sorprendido de la cantidad de extrajeros que hay.
«Hace cinco años que nos fuimos, y aquí sólo estábamos los chinos y los
árabes», dijo, «pero ahora es increíble, parece que España va a
explotar. Aunque es lógico, vienen todos porque la gente aquí es muy
cariñosa, te acogen muy bien, y es normal que todos quieran venir».

Se marchó con su eterna sonrisa diciéndome que si quiero ir a Tánger
que ella me da la llave de su casa para que nos quedemos allí… ¡Qué
ímpetu! ¡Qué buena relaciones públicas escondida tras un velo!

«A mis hijos, cuando yo muera: Escribo estas líneas al cumplir los
ochenta años. Persisto en mis ideas librepensadoras de siempre. Desde
muy joven he vivido fuera de toda comunión religiosa y en un feliz
hogar librepensador os habéis educado. Enterradme civilmente. Si a
última hora la pérdida de la razón o cualquier acto de fuerza me
arrancara declaraciones contrarias no las respetéis; no representará mi
voluntad consciente y libre.

Que mis restos reposen, si es posible, al lado de los de vuestra
santa madre. Murió fuera de toda religión positiva y se enterró
civilmente. Nuestra religión se cifraba en una gran rectitud de
conciencia, en el culto del bien, de la familia, de la ciencia, de la
libertad, de la justicia y del trabajo. Hicimos todo el bien que nos
fue posible; no hicimos a sabiendas mal a nadie».

Lo anterior es un fragmento del testamento de Odón de Buen y del Cos (1863-1945), naturalista, científico y publicista. Tanto el testamento, escrito el 18 de noviembre de 1943, como los siguientes dos párrafos figuran en sus memorias.

«Debía huirse de mezclar a los niños en manifestaciones partidistas
y de hacerles aprender discursos, artículos o cuentos de memoria; que
de las luchas humanas crueles, inspiradas por el egoísmo o por la
intransigencia, no se debía ni hablar. Una atmósfera de bondad debía
rodear al niño en la escuela, conducir su inteligencia y guiar, educar
y fomentar su voluntad  con riendas de seda en vez de emplear
cadenas de acero».

Su primer maestro fue un antiguo sargento de artillería. El sistema
pedagógico del momento, según dice De Buen en sus memorias, era
deplorable:

«Lecciones de memoria repetidas a coro con un tonillo agudo; un gran
mapa de España en un plafón de la sala; cuadros de Historia Sagrada en
las paredes, cartapacios llenos de borrones y de mugre; algunas
cuartillas que deshojábamos enseguida; tres horas de prisión por la
mañana y tres por la tarde».

Fundación Francesc Ferrer i Guàrdia

Hace algo más de un siglo, hacia el mes de agosto de 1901, abría sus
puertas, en el número 70 de la calle de Bailén de Barcelona, un centro
educativo que se proponía transformar radicalmente la experiencia
pedagógica en sentido crítico, laico, racionalista y libertario. Se
pretendía afirmar un proyecto abiertamente superador de la mediocridad
intelectual, de las limitaciones existentes como fruto de la
superstición y del autoritarismo y de las carencias higiénicas y
materiales que dominaban el marco educativo de la España de la
Restauración, tanto en el caso de los escasos centros públicos
estatales como en el de los centros privados, fundamentalmente
religiosos.

En realidad existía ya cierta tradición en los ambientes del
pensamiento humanista y progresista de la Cataluña de entresiglos: la
fundación de escuelas laicas, muy vinculadas al librepensamiento, al
republicanismo y a las sociedades obreras, no era una iniciativa
demasiado exótica. Ahora, siguiendo este mismo camino, la Escuela
Moderna se plantea como un ejemplo de pedagogía militantemente
racionalista que, fundamentándose en la educación integral y en la
coeducación -de sexos y de clases sociales (posición muy atrevida para
la época, por ambas cuestiones)- pueda romper el muro del dogmatismo
intelectual y de la falsa moral impuesta a golpe de autoridad,
convirtiéndose en un núcleo de permanente promoción de la emancipación
social.

En línea con el optimismo filosófico heredero de la Ilustración,
buena parte de los ambientes libertarios confiaban en el trabajo en pro
de la renovación educativa como instrumento definitivo que abatiría los
prejuicios y permitiría conseguir el objetivo de una sociedad libre,
justa y fraterna. La piedra de toque es el aprendizaje de la libertad
en la libertad, mediante la vía de la razón personal. El medio natural
de dicha vía, la única que se basa en la afirmación de la autonomía del
sujeto como condición de posibilidad del hecho mismo de la educación
es, evidentemente, la laicidad: la ausencia de condiciones previas y de
restricciones mentales que, desde la imposición de creencias o de
límites a la investigación, impidan el libre acceso al conocimiento.
Convendría recordar el mensaje de Francisco Ferrer Guardia grabado al
pie de su monumento erigido en Bruselas en 1910, como testimonio de su
muerte por la causa de la libertad de conciencia:

“La enseñanza racionalista puede y debe
discutirlo todo, situando previamente a los niños sobre la vía amplia y
directa de la investigación personal”

Ferrer Guardia, impulsor y alma de la Escuela Moderna, había
conectado con el espíritu de la renovación pedagógica por medio de las
ideas de Paul Robin -teórico
de la educación integral- en sus años de exilio en Francia. Después del
frustrado intento de pronunciamiento republicano de Santa Coloma de
Farners -inspirado por Manuel Ruiz Zorrilla- de 1886, Ferrer se exilia
y vive en Francia hasta el mismo año 1901. Allí comenzará su
experiencia docente, en los Cursos Comerciales del Gran Oriente de
Francia, y como profesor de lengua castellana. Y es, precisamente, a
consecuencia de esto, como podrá llegar a concretarse la fundación de
la Escuela Moderna cuando una de sus antiguas alumnas, Ernestine Meunier,
le legue en herencia, en abril de 1901, una importante cantidad (una
propiedad por valor de un millón de francos, de la que pueden extraerse
rentas considerables). El objetivo de fundar una Escuela en Barcelona
es, pues, un hecho que podrá materializarse inmediatamente.

El concepto de Paul Robin de educación integral, que engloba de
manera simultánea los componentes intelectual, físico, ético, estético
y emocional de la personalidad y que no separa el mundo del estudio del
mundo del trabajo, se mezclará con la defensa del método intuitivo,
inspirado en las teorías de J.H. Pestalozzi y de F. Fröbel,
que pretende obtener el desarrollo armónico y progresivo de las
facultades y aptitudes naturales de los niños. Niños y niñas han de
descubrir la realidad directamente, no conformándose con aquello que
pueda decirse, académicamente, sobre dicha realidad. Parece bastante
claro que este tipo de procedimientos y de expectativas han sido
confirmados más tarde por la pedagogía evolutiva de Jean Piaget.

La Escuela Moderna

Y en la Escuela Moderna, cuando casi nadie se lo planteaba todavía,
intentaron dar forma a todo ello: los niños y las niñas tendrán una
insólita libertad, se realizarán ejercicios, juegos y esparcimientos al
aire libre, se insistirá en el equilibrio con el entorno natural y con
el medio, en la higiene personal y social, desaparecerán los exámenes y
los premios y los castigos. Los alumnos visitarán centros de trabajo
-las fábricas textiles de Sabadell, especialmente- y harán excursiones
de exploración. Las redacciones y los comentarios de estas vivencias
por parte de sus mismos protagonistas se convertirán en uno de los ejes
del aprendizaje. Y esto se hará extensivo a las familias de los
alumnos, mediante la organización de conferencias y charlas dominicales.

No hay que olvidar, a pesar de todo, que las tensiones sociales e
ideológicas provocadas por la cerrazón oscurantista del clima social y
político dominante pueden conducir, en algún caso, a posiciones de
ingenuo radicalismo, algo contradictorio, incluso, con el uso libre del
método intuitivo. Pero, finalmente, la vida misma es siempre lo
suficientemente ambigua y se encarga de dejarnos bien claro que no
podemos desprendernos fácilmente de nuestras mismas contradicciones.
Podríamos encontrar algo de esto en cierta decantación racionalista que
quizás no dejaba espacio a las formas no dogmáticas de espiritualidad,
o en el uso exclusivo de la lengua castellana, tan característico de un
supuesto cosmopolitismo universalista que compartían algunos sectores
del movimiento obrero y del pensamiento libertario. Ferrer aducía
siempre que se cuestionaba la exclusividad del castellano ante el
catalán como vehículo de enseñanza que, de haber podido, se hubiera
utilizado el esperanto.

Los libros publicados por la editorial de la Escuela son
fundamentalmente creativos y dinámicos, vivos y provocadores, y de
probado rigor científico, por otra parte. Tan sólo se precisaría citar,
entre otros, los de Odón de Buen, Elisée Reclus, J.F. Elslander (otro referente de la renovación pedagógica), M. Petit, P. Kropotkin, o la misma Clémence Jacquinet, antigua alumna de Ferrer y profesora de la Escuela.

El proyecto de Ferrer tiene el decidido apoyo de algunas personas
con las que le une la relación personal, como la profesora antes
aludida, y de los sectores humanamente e ideológicamente más cercanos a
los objetivos y a los métodos de la Escuela Moderna. No es extraño,
entonces, que en su Junta promotora nos encontremos con personas como Cristóbal Litrán, que sería secretario personal de Ferrer, Roger Columbié, dirigente del Centro Republicano Histórico de Barcelona, Anselmo Lorenzo,
pedagogo activo, director de publicaciones de la Editorial de la
Escuela y destacado representante de la corriente libertaria del
movimiento obrero, y Eudald Canibell,
con quien esta misma corriente libertaria entronca con el catalanismo
federalista y figura eminente del mundo asociativo barcelonés (es
fundador, por ejemplo, del Centre Excursionista de Catalunya y del
Instituto Catalán de las Artes del Libro, entre otras entidades). Todos
ellos, además, fraternalmente vinculados con el promotor de la Escuela
Moderna a causa de su pertenencia a la francmasonería, en la cual
Ferrer Guardia se había iniciado en 1883.

Los lamentables acontecimientos de 1906 -atentado contra Alfonso
XIII- en que se ve involucrado un bibliotecario de la Escuela,
conllevarán la clausura del centro. Ferrer Guardia, encarcelado y
absuelto posteriormente, no abandonará, no obstante, su ideal
pedagógico y será elegido presidente del Comité directivo de la Liga Internacional para la Educación Racional de la Infancia,
organismo de promoción de las dinámicas educativas inspiradas en la
Escuela Moderna. Son remarcables sus órganos de prensa, las revistas
L’Ecole Renovée, publicada en Bruselas y Amsterdam y Scuola Laica, en
Roma.

La huella de la Escuela y del proyecto ferreriano arraigará, además,
en diversas escuelas laicas y racionalistas que irán surgiendo por el
resto de Cataluña -Poble Sec, Sabadell, Vilanova, Badalona…-, el
resto de España e incluso América Latina.

La muerte injusta de Ferrer Guardia como consecuencia de los hechos
de la Semana Trágica de 1909, en los cuales el fundador de la Escuela
Moderna no tenía ningún tipo de responsabilidad, no rompe la influencia
que el proyecto tiene en el mundo de la renovación pedagógica a lo
largo del primer tercio del siglo XX y que llega hasta la II República.

En la actualidad, en un tiempo marcado por la necesidad de generar
actitudes de apertura intelectual y de razonamiento crítico que nos
capaciten para cribar la información sin manipulaciones, y de responder
a los retos suscitados por la transformación tecnológica y social que
nos conduce hacia la denominada era de la comunicación, es
imprescindible saber colocar los procesos de acceso y de transmisión
del conocimiento al servicio del progreso ético de la humanidad. Una
formación de este tipo, que no termina nunca, es la que puede
proporcionar una enseñanza laica y racionalista, constituida en una de
las herramientas imprescindibles para construir una sociedad de hombres
y mujeres no mediatizados y capaces de dirigir sus propios destinos, es
decir, de labrar su libertad y su felicidad.

El proyecto esencial de la Escuela Moderna tiene, en este sentido, fuerza y vigor.

El conjunto de sus propósitos esenciales pueden verse perfectamente
reflejados en lo que publicaba Anselmo Lorenzo en la revista
barcelonesa Natura, en octubre de 1903:

“…Dirigirse, con la abnegación del apóstol y la pasión del
revolucionario, a la enseñanza integral que ofrezca a la infantil
inteligencia y a la del adulto preocupado o analfabeto la verdad
conocida en toda su espléndida y sencilla majestad, como se presenta en
la naturaleza, de la cual es fidelísima representación, es obra
eminentemente salvadora; es estirilizar de raíz la semilla de la
desigualdad y sentar como fundamento inconmovible la justicia en las
relaciones humanas. Esa es una laudable intención”.