El año pasado, 2.039 jóvenes madrileños de 46 centros escolares
contestaron anónimamente a unas preguntas formuladas por  técnicos
de la Dirección General de Salud Pública. Ayer se presentaron los
resultados: una de cada nueve adolescentes (11%) de entre 15 y 16 años
se provoca el vómito después de comer. Y el 7% toma laxantes o
diuréticos para perder peso. Entre los chicos, menos de 1% llega a
provocarse el vómito o a tomar medicinas para adelgazar. Y aquí hay
algunos datos más sobre la distorsionada percepción de la realidad que
tienen las chicas sobre su propio cuerpo:

Chicos:  Un 16,7% dice tener sobrepeso u obesidad, una cifra muy cercana a la realidad: 17,3%.

Chicas: Un 37% asegura tener sobrepeso u obesidad, cuando sólo un 6,1% lo sufre de verdad.

Son resultados de la novena edición de Sivfrent (Sistema de
Vigilancia de Factores de Riesgo Asociados a Enfermedades No
Transmisibles) publicados en El País

Ayer nos devolvieron la carpeta de Tito, el Gatito,
una semana y media antes de acabar el curso. Lo de arriba es una
muestra de lo que contiene. ¿A quién se le habrá ocurrido este
“trabalenguas”? Abajo pone que hay que aprendérselo, aunque parece que
haya que adivinar qué palabra falta. Ana continuó el baile de vocales y
acabó diciendo puta. Quizás era eso lo que buscaba el que lo ideó.

Ya tenemos en casa
esta joya que costó más de 70 euros y que resulta que casi no han
utilizado en clase. La mitad de los ejercicios están sin tocar. Por
otro lado, tengo la sensación de que este libro es más para niños de
tres meses que de tres años.

Nota: Wonka le saca punta a este “trabalenguas” en su blog.

Straight Line Designs Inc. ofrece un curioso catálogo de muebles que a cualquier niño le gustaría tener en casa.

Llevo varios días buscando alguna solución para salvarle la vida a
este pino. No es un pino cualquiera. Cuando el antiguo dueño de la casa
—que ahora tiene 90 años— era niño, el pino ya estaba allí. Y dice que
cuando su padre era niño, el árbol también estaba presente. Cuando se
decidió a vendernos la casa, nos dijo, con pena, que el pino solo valía
mucho más que todo lo demás. Y tenía razón. Hace unos 15 ó 20 días, una
de sus
gigantescas ramas empezó a amarillear. Nos acercamos la semana pasada y
vimos que la corteza chorreaba resina y tenía una herida bastante
grande.
Está enfermo. Montones de hormigas se pasean arriba y abajo por el
tronco. ¿Irán a buscar huevos de algún insecto? Cualquiera sabe qué
hongo o qué insecto ha sido el causante de su herida mortal.
Averiguarlo es difícil, pero me he dado cuenta de que es casi la única
alternativa que me queda. Una supuesta experta en el tema, del pueblo,
me ha dicho esta mañana, mirándolo a 30 metros de distancia, que era
carcoma. Y, cuando se acercó, que eran termitas (!). Ni un día ni dos
son suficientes para leer toda las patologías
de los Pinus halepensis. Espero que mañana me ayuden en el Departamento de árboles monumentales de la Diputación de Valencia. Bonito sitio para trabajar.

La semana pasada intentamos abrazar el tronco una vez más, pero dos
personas no son suficientes para rodearlo. Impone. Impone mucho. Dicen
que ese alepo es el más antiguo de Alicante. Pensábamos que moriríamos
y que seguiría ahí, que Ana se haría mayor, y seguiría ahí.
Pero puede que nos toque verle morir…


El Periódico de Catalunya

Ayer tampoco vino Toñi, la maestra de música de Ana. La clase la dió
su hermana, que tiene otro estilo. En lugar de hacer
hincapié en la clave de sol o en la música clásica, la hermana puede
hacerles bailar al son de un clásico Rock’&’Roll que se oye desde
el bar de la Casa de la Música, y, al final de la clase, se oye los
gritos: «¡Otra vez! ¡Otra vez!». El caso es que Toñi está pasando una
etapa especialmente dura. Me dijo hace un par de semanas que en junio
tenía los exámenes para las oposiciones a maestra de infantil, y que,
como ella es muy responsable y perfeccionista, está sufriendo una
ansiedad que no la deja vivir (vomita lo que come, …) a pesar de que
está siguiendo una medicación. Supongo que a mejor nota saque, más
probabilidad tendrá de ejercer esta profesión que tanto le gusta
cerca de su casa.

Dicho sea de paso, la maestra de Ana vive a 100 kilómetros de la
escuela. ¿Querrá eso decir que su nota era más bien bajita? La verdad
es que la encontré en Internet. Son públicas. Y sí lo era. Aunque puede que eso no quiera decir nada.

Hace un par de días, el blog de Wonkapistas
recogía un estudio curiosísimo según el cual, en Estados Unidos, la
tasa de expulsión de pre-escolares de 3 y 4 años por mala conducta es
superior a la media de primaria y secundaria. Wonka dice que no se
extraña de los resultados y que él les dice a sus chicas, día sí y día
no, que se aparte del camino de los niños, por ahora. Yo hago lo mismo,
aunque está claro que hay de todo. Pero la violencia incontrolada de los
cachorros humanos puede ser bastante peligrosa, sobre todo si la
profesora les deja solos para irse a hacer fotocopias, como es nuestro caso.

Según el estudio —que puede encontrarse en FuturePundit o en Wonkapistas— los más violentos son los afroamericanos y los menos, los de origen asiático.

Pasen y vean. Un minuto se tarda en echar un vistazo a las maravillas que hace este hombre: Eric Grohe,
un pintor que transforma fachadas aburridas en escenas de la vida,
espectáculos de la naturaleza, alegorías, … Ningún arquitecto que
diseña escuelas parece pensar en los niños que las habitarán (tema
pendiente en este blog). Por lo menos, si un pintor transformara las
carcelarias fachadas de las escuelas en un soplo de aire fresco, como
hace Eric, daría más alegría dirigirse hacia ellas. Grohe utiliza una
pintura alemana que resiste el sol y la corrosión por la humedad que
aguanta hasta 100 años.

No hace falta recurrir a Eric. Hay grafiteros en este país que hacen
auténticas maravillas. Lástima que se decantan por el lado más
reaccionario. Véase la fachada de la
casa okupada de Can Víes (Sants, Barcelona).

(ver más grande)

Antonie van Leeuwenhoek (1632 -1723) era un holandés fabricante de
lentes. Construyó uno de los primeros microscopios, al que
llamaron espejo mágico de Leeuwenhoek. Con él, o con alguno de los 500 que llegó a fabricar, descubrió los espermatozoides. Los bautizó con el nombre de animálculos. En aquella época, imaginaban ver dentro de cada espermatozoide humano un hombrecito diminuto al que llamaron homúnculo.
Creían que esta pequeña criatura era el futuro ser humano. Se
implantaba en el vientre materno, donde crecía, y si al nacer se
parecía en algo a la madre era por las influencias prenatales del
vientre. Los animálculos eran misteriosos sobre todo por su cola. Algunos aseguraron que era para agitar el fluido seminal para que no se espesara.

Además de estos anilmalculistas, estaban los ovistas, los partidarios del huevo,
que no tiene mucho que ver con el concepto de óvulo. Los ovistas
pensaban que los mamíferos tenían un huevo parecido al de las aves que
crecía cuando era estimulado por el aura seminalis, nombre con el que Fabrizio D’Acquapendente bautizó al semen.

Según el fisiólogo suizo Anbrecht von Haller (1708-1777), el aura seminalis
era algo nauseabundo, tanto que impedía comer la carne de un animal
recién castrado. Y, al invadir el cuerpo femenino, decía este
fisiólogo, provocaba esas náuseas y vómitos tan comunes en las
embarazadas.