La Asamblea de Madrid dejó hace unos días que su sala se llenara de
niños, esos representantes de la democracia que no pueden dar su voto
ni siquiera a través de sus padres. Unos 80 niños jugaron a ser
diputados y votaron las propuestas formuladas por más de 26.000 alumnos
de 384 colegios de la capital. La comitiva de los mini-diputados se
desplazó al hemiciclo, donde esperaba la anfitriona Concepción
Dancausa, presidenta de la Cámara regional, que leyó los resultados. La
propuesta más votada fue: «Que ningún niño tenga que trabajar para que
puedan jugar y crecer en confianza». Después se oyó: «Concluido el
orden del día, se levanta la sesión», y los niños volvieron al colegio.

La ONU calcula que hay 115 millones de niños sin
escolarizar en los países desarrollados.

Nota: aquí ha habido un
error doble. Primero: El País decía países “en desarrollo”, y no
“desarrollados”. Gracias, Wonka. Segundo: El País se equivocó también.
Esto es lo que dice Naciones Unidas: «más de 113 millones de niños -de
los cuales casi las dos
terceras partes son niñas de países en desarrollo- no tienen acceso a
la educación primaria, y muchos niños que empiezan a asistir a la
escuela se ven obligados a dejarla debido a la pobreza o a presiones
familiares y sociales. Pese a los enormes esfuerzos de alfabetización
realizados, al menos 875 millones de adultos siguen siendo analfabetos,
exactamente el mismo número que hace diez años».  Las cifras se
refieren a los 160 países del mundo a los que han llegado en sus
Informes de Seguimiento de la Educación Para Todos en el Mundo (EPT).

Estos informes de Naciones Unidas son publicaciones anuales
que evalúan los progresos que se van haciendo en materia de educación.
Cada año se dedica a un tema concreto. El de 2005 se titula El Imperativo de la
Calidad
. Aquí están los los informes. Y aquí una lista de tablas estadísticas que incluye datos analfabetismo, acceso a educación primaria, a educación infantil, etcétera, de 203 países del mundo.

Se llama Expresiones Jóvenes.
Su lema: «Ahora… los niños tienen la palabra». Es el primer periódico
digital «de habla hispana producido por y para niños, niñas y
adolescentes». Se hace en Argentina. Su creador y único financiador es
el periodista Óscar Miño, que dice que se le ocurrió la idea para
«llenar el vacío que el periodismo ha establecido con los pequeños,
dejándolos fuera de la información». Miño cree que «las secciones
infantiles que se hacen (para cumplir) en la gran mayoría de los medios
gráficos y digitales sólo responden a consignas marketineras». Tiene
razón, y la idea es muy buena. Lástima que la calidad del producto sea
pobre; la autonomía de los niños sea dudosa; la chispa infantil sea
nula; la originalidad brille por su ausencia; y que, para colmo, esté
todo impregnado de religión. El Papa aparece en la portada del número
cero. Y también esta noticia de ciencia: «Lograron identificar cuál es
la parte del cerebro que se activa en una decisión moral». O esta otra:
«Curioso. En Italia intentaron reconstruir el rostro de Jesús de niño».

También tienen en marcha el proyecto Jóvenes Comunicadores, donde participan niños, niñas y jóvenes, desde 6 años hasta los 17, y que incluye un programa de radio llamado Fronteras de la comunicación.
Se nota demasiado la presencia de los adultos, y no sólo por la ducha
religiosa. Y se les oye refiriéndose a los niños con cierto tono
condescendiente, paternalista, o como si este espacio supuestamente
hecho por ellos fuese una especie de atracción de la feria.

El estilo de programa de radio recuerda a los más simples programas
de provincias. Ráfaga de titulares: «Reina de belleza usará fama para
salvar niñas y enfermas de sida», «La Organización Mundial de la Salud
busca soluciones para el tratamiento del paludismo», «España se coloca
en el puesto número 25 de los países menos corruptos del mundo», … Y
a cada instante hay voces que repiten que son niños los que hay detrás
del micrófono.

Dudo mucho que a los niños les interese tanto repetir que lo son, o
que les divierta imitar el mundo de los mayores de esa forma. Lo
interesante sería  dejar que hiciesen las cosas a su manera, pero
nadie se ha atrevido aún a invertir en ese filón.

Otro ejemplo: en el programa de radio, entra una invitada adulta que va a hablar de
recuerdos en un programa titulado Tiempo de niños. La presenta algún
pequeño que no vuelve a oírse hasta el final. La invitada arranca así:
«Buenas tardes, a pesar de que está lloviendo, han venido todos y aquí
están con un coordinador de lujo».

Óscar Miño, el director, se queja de no tener respaldo alguno de la
Dirección Departamental de Escuelas de la ciudad de Concordia
(Argentina), tampoco del Consejo General de Educación de la Provincia
de Entre Ríos, ni mucho menos del Ministerio de Educación de la Nación
Argentina.

En 1989, unos titulares espeluznantes en la prensa estadounidense
conmocionaron a la población. Se referían a la violación, mutilación y
más brutalidades sólo aptas para estómagos de acero que un hombre
llamado Earl Kenneth Shriner cometió contra un niño de siete años, Ryan
Alan Hade (en una foto reciente, arriba). Aquel caso hizo que se
cambiara la ley y se contemplase por primera vez la cadena perpetua
para depravados sexuales como Shriner, al que le cayeron 131 años, y
que tenía un historial previo de 25 años de violencia contra menores.

Ahora Hade ha vuelto a salir en prensa porque hace un par de semanas murió
en un accidente de moto. Dicen que tenía debilidad por los deportes de
riesgo y que vivía siempre al límite, como si pensara que si había
sobrevivido a aquella brutalidad, podría seguir experimentando milagros. Consiguió
que muy poca gente le relacionara con el suceso, y aseguraba no
recordar nada del asunto, pero cuando se acercaba el aniversario del
ataque, dicen que se volvía irritable, tenso y físicamente enfermo.

Aunque su agresor le dió por muerto, Hade se salvó milagrosamente
de aquel ataque sufrido junto a su colegio, en un parque de Tacoma,
Washington. Pero nada pudo devolverle la infancia. Con siete años tuvo
que someterse a cirugía reconstructiva (Shriner, además, le cortó el
pene) y a terapia psicológica hasta los 13 años. Cuando los compañeros
de curso le empezaron a preguntar si era él la víctima de Shriner,
cambió de escuela y de zona. Fue a la New Horizon School, en Renton,
donde le ayudaron con su dislexia y su trastorno por déficit de
atención.

En el momento de su muerte, cuando su recién comprada
Suzuki chocó contra un pick-up cerca de Yelm, Hade vivía con su abuela en una
casa móvil instalada en un terreno, en Roy. Hade,  que se había
ganado la vida con el negocio inmobiliario y con el tapizado de
muebles, estaba buscando un dúplex en Tacoma para trasladarse con su
abuela, por la que sentía adoración.

Hay muchos niños que pierden la niñez de un plumazo, ya sea de una
forma brutal, como Hade, o por temas tan en la palestra ahora como el
terrorismo o el maltrato. Sobrevivir a esas situaciones no significa
haberse salvado de ellas.

Los llantos de una niña de 12 años atrajeron a tres leones que, en
lugar de devorarla, la protegieron de sus captores. Esto ocurrió en el
suroeste de Etiopía, según cuenta la BBC.
Cuatro individuos la secuestraron cuando volvía del colegio para
obligarla a casarse con uno de ellos. La maltrataron durante varios
días hasta que los leones aparecieron y espantaron a los captores. El
sargento Wondmu Wedaj de la policía aseguró que los leones estuvieron
haciendo guardia hasta que ellos la encontraron. Entonces «la dejaron
como un regalo y después volvieron al bosque».

La pequeña, que estaba en estado de shock y aterrorizada, contó que
los leones se mantuvieron a su lado, cuidándola, sin hacerle ningún
daño. Y los expertos en fauna de Etiopía dicen que este milagro puede
deberse a que el llanto de una niña se parece mucho al maullido de un
pequeño león. Sin embargo, algunos expertos en leones no se creen la
historia y opinan que seguramente estaban prepándose para un festín
cuando la policía llegó.

En cuanto a los cuatro hombres, han sido capturados por la policía.
Esta práctica del rapto con fines matrimoniales es tristemente
frecuente en las zonas rurales de Etiopía, donde, por otro lado, habita
la mayoría de la población.

El Periódico de Catalunya

Este mensaje tan amable cuelga de la
puerta de la
escuela, en la que el 80% de los alumnos es de origen extranjero.
Curiosamente, no se pone ninguna pega a que los niños que se matriculan
no tengan ni idea de la lengua en la que se imparte el curso.
Simplemente, se les deja que bloqueen el aprendizaje de los alumnos
locales, que son minoría, y les hagan desaprender la suya propia.

Hoy hemos ido a la última reunión del curso. Como ya no hay horario
de tarde ni comedor, había varios niños corriendo por el aula prefabricada
mientras la maestra trataba de dar su discurso sobre los últimos
coletazos del primer año escolar de estos 18 niños. «En resumen, no hay
nada que tenga que decirles, pero teníamos que hacer esta última
reunión», dijo para arrancar. Después recordó que el viernes, último
día de clase, habrá una fiesta para todos en el patio.

Lo único que faltaba por tratar eran las cuentas finales. Al
principio del curso, nos pidió que dos padres abriesen una cuenta
corriente en nombre de la clase de Infantil-3 (PIP: Programa de
Inmersión Progresiva), y que cada niño ingresara 30 euros para los
gastos del material. Esa misma mañana, el padre inglés grandote y
nosotros mismos abrimos dicha cuenta con los primeros 60 euros del
colegio. En el todo a cien de delante del cole, ese dinero daba para varias decenas de cajas de colores Carioca, pintura de dedos, papel, plastilina, …

Hoy, Emma nos ha dicho que sobran 100 euros y nos ha preguntado que
qué hacemos con ellos. Pero ha añadido: «La dirección prefiere que se
queden en la cuenta para que la maestra que venga el próximo curso
tenga algo con lo que empezar y que no le ocurra como a mi, que
estuvimos más de un mes sin nada de material».

Primer encontronazo. ¿Un mes sin material? ¡Pero si le dijimos que
comprase inmediatamente lo que hiciese falta! ¡Pero si abrimos la
cuenta el mismo día que lo sugirió! ¡Pero si incluso le dijimos que
podríamos más dinero de nuestro bolsillo si necesitaba algo para
arrancar el curso ya! Nuestra respuesta ha sido: «Eso es
muy injusto», y lo hemos tratado de explicar en dos idiomas. Pero Emma se
fue por los cerros de Úbeda para evitar reconocerlo, y los ingleses nos
miraban como diciendo “qué más dará si el curso empezó con material o
si estuvieron comiendo mocos hasta el mes pasado”. El inglés robusto
me dijo exactamente: «Qué más da lo que haya dicho Emma, eso es ya
parte del pasado».

Emma continuó diciendo que otras clases han decidido repartir lo que
sobra entre cada niño, y volvió a preguntar qué hacíamos con el dinero.
Una madre alemana sugirió que nos fuésemos los padres y la
maestra a comer por ahí con ese resto (al McDonalds, supongo). Yo
sugerí varias cosas: que se funda todo en regalitos para los peques;
que se les haga una fiesta particular con lo que sobra; que se traiga
un fotógrafo y se hagan fotos de recuerdo de su primer año de escuela, juntos; que
se vayan todos al dichoso Crazy-kidz que les encanta y salten y se revuelquen
durante dos o tres horas….. Emma añadió que tenía varias ideas para
acabar con el dinero. Pero no hubo quórum.

Las madres inglesas empezaron a murmurar entre ellas. Oímos a una
decir a otra, en inglés: «Es que estos quieren que se les devuelva el
dinero». Mon Dieu!!

Total incomunicación, pero no por el idioma sino por el choque
cultural, o yo que sé. El caso es que eran incapaces de comprender que
cada curso es un mundo, que el dinero es de los niños, que lo dimos
para este curso concreto y que es el colegio el que tiene que
espabilarse en cada clase para que haya un mínimo de material. Pero
todos  los ingleses estaban unidos frente a la idea de guardar
cinco o seis piojosos euros para el comienzo del próximo curso. «No
vamos a malgastarlos», dijo una cuando propuse que se fuesen al
Crazy-kidz.

Afortunadamente, el año que viene será vida nueva. Se acabaron las
cutreces. Ana dejará de desaprender su propia lengua, y nosotros
podremos formar parte de una activa e interesante asociación de padres
en la que a los progenitores les interesa algo más que su propio
ombligo. O sea, otro colegio.

Cuando se fueron todos, Emma nos contó que, por lo menos los padres
de esta clase han venido a las reuniones, aunque no se enteren de nada
de lo que se dice en ellas. En otros cursos, ni aparecen.

Cuando le pregunté si le daba pena que acabase el curso, dijo que
mucha, que había sido muy feliz dentro del aula con los niños, pero
que estaba deseando perder de vista esta escuela.

Muchas historias de la vida real hacen pensar en el eterno dilema de
Woody Allen: si la realidad imita al arte o si es al revés . Hoy, El País —vía Le Figaro—
cuenta una de ellas. Es la fabulosa historia de un hombre de 31 años
(el de la foto) que lleva 14 años intentando hacerse pasar por un niño
para que todos le traten como tal. El País arranca: «Francisco
Hernández Fernández, un huérfano español de 15 años que llevaba un mes
matriculado en un colegio de Pau (sur de Francia) ni era huérfano, ni
tenía 15 años, ni se llamaba Francisco ni era español. Su auténtico
nombre era Frédéric Bourdin, de 31 años, viejo conocido de las policías
de una decena de países por suplantar personalidades ajenas, en
especial de menores, según cuenta Le Figaro en su web.» Bourdin dice
que él es como Peter Pan, pero los psiquiatras lo describen como un
individuo con problemas de afecto y que suplanta su personalidad.

Desplegó su asombroso poder de persuasión para convencer al
director del instituto Jen Monnet de que lo admitiera como alumno. Le
dijo que sus padres habían muerto en un accidente de coche y se lo
tragó. Los alumnos tampoco sospecharon nada. Boudin es un experto en el
arte del disfraz. Usaba cremas depilatorias faciales y, como un
camaleón, había aprendido a moverse y comportarse como un niño de 15
años. Pero un vigilante del colegio había oído algo de este personaje
en un programa de la tele y lo denunció a la policía.

En noviembre de 2004, se hizo pasar por un niño madrileño maltratado
por su padre. Los Mossos d’Esquadra le interrogaron en Girona, y
Bourdin les contó que su madre había muerto en los atentados del 11-M;
que su padre era alcohólico y que se había vuelto muy violento desde
que ella murió. Fue ingresado en un centro de menores, pero, puesto que
nadie lo reclamaba y ninguno de sus cuentos cuadraba, lo acabaron
soltando.

Tiene historias para contar en media Europa. En 1997, estaba
en España. Se presentó en la Embajada de EEUU de Madrid representando
el papel de un chico de 17 años llamado Nicholas Barclay, un menor
estadounidense que había desaparecido en Texas tres años antes, después
de un partido de baloncesto. El auténtico Nicholas era un americano de
ojos azules. Bourdin hablaba con acento francés y tenía los ojos
marrones. Sin embargo, la familia de Nicholas estaba tan ansiosa por
recuperar a su hijo que lo reconocieron como tal. Poco después, un
periodista publicó el engaño, y le hicieron las pruebas de ADN para
convencer a la familia de que era un impostor. Después de esta historia
bastante incomprensible, pasó seis años en la cárcel de Texas.

Su verdadera identidad

Bourdin nació en Nanterre, Francia. Su madre, que lo tuvo a los 18
años con un hombre casado, lo dejó al cuidado de los abuelos. Pasó una
infancia difícil; visitó el correccional; y un buen día se decidió irse
a recorrer mundo. Desde entonces, siempre ha vivido en centros de
acogida de menores o de beneficiencia. Le conocen en las comisarías de
media Europa, tanto a él como a sus más de 20 alias, y tiene anécdotas
para contar de Irlanda, Suiza, Bélgica, Gran Bretaña, Suiza y España.
En estos momentos, Bourdin está acusado de posesión y utilización de
falsa identidad, aunque hasta el próximo día 15 de septiembre, día en
el que tiene que comparecer ante los tribunales de Pau, el Peter Pan
francés ha quedado de nuevo en libertad. 

En 1966, el psiquiatra Eric Berne habló por primera vez del niño/a
que todos llevamos dentro y empleó para ello al conocido personaje de
Peter Pan, el niño que no quería crecer. En 1983, el psicólogo Dan
Kiley publicó el libro El síndrome de Peter Pan, que hablaba de los hombres y mujeres que no quieren crecer. Un año después, habló de El síndrome de Wendy,
que describe a personas que actúan como padres con su pareja o gente
más cercana.

La perra de la foto se llama Maddie y tiene dos años. Cuando la
trajeron a casa, recién nacida, acababa también de nacer un niño en la
familia, Sammie, al que hace unos días salvó la vida. El dueño de
Maddie cuenta en Katu2.com
que empezó a hacer un extraño ladrido en lugar de obedecer la orden de
que viniese. Le estaba alertando de que su hijo se había caído al
estanque. Cuando lo encontró estaba boca arriba, bajo el agua. Lo sacó,
le realizó una reanimación cardiopulmonar, y el pequeño se salvó. Los
equipos de rescate que acudieron al lugar dicen que el perro hizo algo
más que avisar al padre porque es extremadamente raro que
alguien que se ahoga quede boca arriba. Piensan que lo más probable es
que intentara sacarlo de allí y, al no lograrlo, fuese a buscar a su
amo.

La historia anterior es contraria a la lamentable noticia del perro
que mordió mortalmente a una niña de dos años en Sitges, Barcelona,
hace una semana. El perro, de raza Akita Inu, era propiedad de la
pareja sentimental de la madre y actuó, supuestamente, por celos. Según
dijo a 20 minutos Carlos Alfonso López, asesor de terapia de conducta y
adiestramiento de El Refugio,
normalmente influye más en el comportamiento de los perros el tipo de dueño que la
propia raza. López lamentó que en España  «haya colectivos a los que les
gustan los animales macarras», y explicó que la mayor parte de los
perros «potencialmente agresivos» provienen de tiendas que han comprado
los animales a mayoristas en el extranjero, donde los crían como si
fueran «gallinas» y los trasladan en camiones hacinados y sin ningún
cuidado. Es decir, que incluso los perros necesitan un buen trato y una buena educación. Parecía obvio.