Hoy han hecho un minuto de silencio en clase por las víctimas del
11-M. ¿Es estrictamente necesario con niños de tres años? Les han
tratado de explicar lo que significaba. Ana lo ha contado así al
volver a casa: «Hemos estado callados un minuto porque unos nenes malos
pusieron una bomba en un tren de Madrid y se murieron todos. Estábamos
callados para que los nenes malos no nos oyeran si venían».

La
cuestión es que hace unos meses, una profesora no pudo venir porque
murió su abuela. La maestra de Ana me dijo: «Le hemos contado que se ha
ido de viaje por no decirle que su abuela ha muerto».

¿Y la
coherencia?
¿Y un tema como el terrorismo no deberían
introducirlo primero los padres?

El doctor Robert Hare de la Universidad British Columbia
asegura que en EEUU uno de cada 100 personas es un psicópata. No hace
falta encajar en el perfil de Hannibal Lecter, sino que suelen ser
individuos carismáticos, egocéntricos, tienen cierto encanto y les
importan un
bledo los demás. El doctor Hare es un experto en las “serpientes con
traje” que suben por la escalera del éxito con asombrosa facilidad.
Este artículo (
Spotting psychopaths at work
) se publicó el pasado diciembre en la BBCNews.

Decir que eres periodista en este momento no es la mejor propaganda que puedes hacer de ti mismo, visto el mercado. Una encuesta del Poynter Institute (publicada hoy en Periodista Digital)
desvela, además, lo que supone hacer ese trabajo: llevar una mala vida, estrés,
horarios inhumanos, llevarte el trabajo a casa, reducir las vacaciones,
… Según el estudio, las mujeres son las que peor lo llevan, y las que
más ganas tienen de abandonarlo.

Sin embargo, se han olvidado de analizar un asunto latente en todas las redacciones: el bullying, mobbing, o acoso moral.
Básicamente, consiste en que una o varias personas hacen o dicen algo
de forma continuada para mostrar su poder o autoridad sobre otra (ya
sea por tener más antigüedad en la empresa o por tener serios problemas
de autoestima). Ocurre a todos los niveles: entre compañeros, entre
jefes, entre jefes y trabajadores, … Y casi siempre está causado por
la mala organización y gestión de las empresas. Hay bajas por depresión, insomnio, … y muy malos
rollitos.

Los
periodistas no salen casi nunca de la redacción. En este paí­s está mal
visto dejar tu silla vací a (por eso notriunfa el teletrabajo). Hay quien deja el ordenador encendido cuando se
marcha para que parezca que está todaví­a dentro del edificio. Aunque
seas más productivo fuera, trabajando la noticia, es preferible que te
quedes. Además, casi todo llega por agencias y por Internet. Es como un
colegio.

Esto ocurre en otras muchas profesiones y en la escuela. El
dí­a que se haga un estudio serio sobre el mobbing en este paí­s, van a aparecer cifras récord.

The Mobbing Encyclopaedia.
Success Un limited
es el web de Tim Field, una ex víctima del mobbing. Hace años que
escribe libros sobre el tema y ayuda a miles de personas. Recientemente
ha publicado uno sobre el bullying en el colegio como causa de
suicidio: Bullicide: death at playtime.



Nancy y su amigo Sluggo eran los personajes de una tira
cómica de Ernie Bushmiller que empezó a publicarse en 1933. Aquí
llegaba la traducción mejicana en la que se llamaban Periquita y Tito. Era fantástica.

Bushmiller murió en 1982, y su tira sigue viva, aunque dibujada por
otros artistas. Desde 1995, se ocupan de ello los hermanos Guy y Brad
Gilchrist, y hay quien dice que no tiene la misma chispa que tenía
cuando salía de la pluma de Bushmiller.
 


The history of Nancy
Ernie Bushmiller’s Mac the Manager
Rest easy, Ernie Bushmiller: Nancy lives again.
We are all Nancy


Entrevista publicada hoy en Periodista Digital.

Este
miércoles entró en vigor el código de autorregulación para controlar la
programación en las franjas horarias infantiles. Las cadenas de
televisión por un lado, y el Defensor del Menor, las
asociaciones de usuarios y los padres, por otro, no se ponen de
acuerdo. Las primeras aseguran que ya han cumplido con el código
ajustando sus programación entre las cinco y las ocho de la tarde; los
segundos argumentan que los cambios producidos hasta ahora no son
suficientes y que aún queda mucho por hacer. Esta es la opinión de Petra María Pérez Alonso-Geta, catedrática de Antropología de la Educación en la Universidad de Valencia. Su tesis es que la televisión está contribuyendo a “un fenómeno sociológico muy perjudicial: la reducción de la infancia”.

¿En estos momentos se incumple el código de autorregulación?

Sí.
En cualquier cadena pueden verse programas de realismo social, los
llamados “reality shows”, donde aparecen personas que dan salida a sus
sentimientos y emociones más fuertes en el mismo plató. Los niños ven
todo esto, pero no se les enseña a canalizar esos sentimientos. En las
teleseries, que están muy de moda y son vistas por los más pequeños,
tampoco se ofrecen modelos adecuados para la mentalidad infantil. Estos
programas tienen efectos cognitivos, emotivos y comportamentales que
condicionan las conductas de los niños porque estos se identifican con
los personajes y cogen información para comportarse como ellos en
determinadas situaciones.

¿Por qué hay en la televisión pocos programas adecuados para niños?

Sin
duda los programas para niños en estos momentos son poco rentables
porque al público infantil lo fidelizan en los programas de adultos.
Algunas cadenas, como La 1 con Los Lunis, han hecho esfuerzos. Pero es
difícil programar para un segmento de la población que cada vez más
demanda programas de adultos. En cualquier caso hay muy pocos programas
adecuados para los niños.

En tu estudio también hablas de programas en apariencia infantiles pero que no lo son…

Sí.
Por ejemplo Los Simpson constituyen una crítica muy mordaz a la
sociedad norteamericana, donde se reflejan unos modelos de padres que
no son apropiados para los niños. Ellos no captan los dobles sentidos y
se quedan solamente con esa figura de padre que en muchos casos es un
contravalor para ellos.

Dentro de toda la parrilla, ¿qué programas son especialmente nocivos para los más pequeños?

Los
“reality shows” son especialmente dañinos porque recrean cómo siente la
gente en imágenes en directo. Esto es especialmente atractivo para los
niños, que quieren apropiarse de los modelos de adultos.

Las
pautas de comportamiento a la hora de ver la tele también son un
problema. Hay niños que tienen acceso a cualquier programa…

Efectivamente.
El 39%, es decir, más de 1 de cada 3 niños tiene en su propio
dormitorio la televisión. Así ven la tele sin ningún tipo de mediación
de los padres. Algunos niños me han dicho que cuando están en su
dormitorio ven series como South Park, que es transgresiva, mordaz,
sexista… En un capítulo que analizamos el grupo de niños protagonista
pisaba a un mendigo en la calle, y eso lo ve el público infantil porque
South Park está entre los 10 programas más vistos por ellos. Por eso es
muy difícil que estemos satisfechos con los contenidos de la tele
basándonos solo en los horarios; los niños se acuestan tardísimo y
además en muchos casos tienen acceso a todos los programas.

Entonces, a la hora de repartir responsabilidades, también a los padres les toca una parte…

Mucha. Sobre todo en el hecho de que los niños vean la televisión hasta muy tarde.

¿Qué consecuencias tiene todo esto?

Hay
unas consecuencias muy graves en la socialización de los niños. El
botellón a edades tempranas, la afición a los móviles, ver programas de
adultos, ir a discotecas antes de tiempo, ponerse ropa que no
corresponde a su edad, las niñas que se pintan a los 11 años. Todo son
manifestaciones de una misma realidad. Estamos asistiendo a algo muy
problemático: la reducción de la infancia.

¿Y qué papel tiene la televisión en esa reducción de la infancia?

Su
influencia es fundamental porque en los programas se reflejan
constantemente modelos adultos que no están pensados para explicar a
los niños lo que cabe esperar de la conducta adulta cuando lleguen a
mayores, sino para dar fuerza a un guión. Los niños que salen en las
teleseries actúan como si ya fueran adultos. Las marcas de moda
infantil diseñan ropa que les hace parecer modelos en miniatura. En
general, estamos asistiendo a un retroceso tremendo porque a partir de
los años 20 y hasta 1989, cuando se puso en marcha la Convención de los
Derechos del Niño, la infancia tenía relevancia en sí misma (la ropa
era de niños, la decoración de sus dormitorios también, sus
juguetes…). Pero ahora se está produciendo algo sociológicamente muy
perjudicial para la propia infancia, que es su reducción.

¿Cómo puede la televisión contrarrestar esto?

Especialmente
las televisiones públicas tienen que pensar que, aunque es muy fácil
fidelizar a niños con programas de adultos, el derecho a la protección
de la infancia no está asegurado. Por eso los poderes públicos tienen
mucha obligación de arbitrar las medidas y transmitir a los padres que
determinados programas son muy perjudiciales para sus hijos.

¿Sería necesaria más autorregulación para las cadenas privadas?

Sí.
Pero también hay que hacer que la sociedad se dé cuenta de lo
perjudicial que es esto para los niños. Igual que se conciencia con
temas como el tabaquismo o la violencia de género, hay que transmitir
que el derecho a la protección de los niños no está ni mucho menos
asegurado en estos momentos. Tenemos una infancia no protegida.

¿Cuánto tiempo al día ven los niños españoles la tele?

La inmensa mayoría de los que tienen entre 7 y 14 años, más de tres horas diarias. Algunos incluso llegan a las cinco horas.

¿Cómo influye este hábito en sus conductas?

Los más
adictos a la televisión presentan conductas más asociales y agresivas y
se sienten más infelices. No tienen empatía y pueden llegar a pensar
que la agresión es una forma de solucionar problemas o conflictos.

¿Cuáles son los peores valores que transmite nuestra tele a los niños?

La
presentación de la acción violenta como algo eficaz para resolver
situaciones o para conseguir objetivos. Eso es muy dañino. También los
modelos sexistas, que aparecen con mucha fuerza especialmente en los
anuncios. Además los niños que más ven la tele, menos captan el sentido
de venta que tiene la publicidad y por tanto se la creen más.


***************


Petra María Pérez Alonso-Geta es Catedrática de Antropología de la Educación en la Universidad de Valencia.

Dirige el Instituto de Creatividad e Innovaciones Educativas de la misma Universidad.
Su actividad se centra en investigar los contextos en los que los niños se socializan y educan
“Los valores de los niños españoles”, “Valores y pautas de crianza
familiar”, “Valores y pautas de interacción en la adolescencia” y “El
efecto socializador de la televisión en niños y niñas de la Comunidad
Valenciana” son algunos de sus libros publicados.

Ana está en Preescolar. Tiene tres años. Cuando empezó el
curso, nos reunieron a todos los padres para contarnos algo que parecía muy
importante. La maestra y la coordinadora de Infantil
hablaron con un deje de superioridad para hacernos saber cómo iban a
mejorar a nuestros niños. «Vamos a enseñarles a ser mayores, a crecer»,
decía la coordinadora. Repartieron
muchas fotocopias. Una de ellas era un horario incomprensible. Los lunes
habría una clase de música. Los miércoles, una hora de “gimnasia”. Los viernes, una hora con
ordenadores. Pero el esto del tiempo estaba poco claro: “caja
sorpresa”, “rincones dirigidos”, “taller de matemáticas”,…

Ahora, a medio curso, ya he descifrado su significado: “Haremos lo que nos de la gana”. Los lunes rara vez hay música, y,
cuando hay, suele consistir en algo como pintar la fotocopia de un
tambor. Y los viernes, casi siempre está estropeado “el” ordenador (porque sólo les dejan tocar uno y en grupo) o
hay algún motivo peregrino que impide hacer la clase. «Hoy tampoco
hemos ido al ordenador», me repite Ana cada viernes, decepcionada.
«¿Qué habéis hecho entonces?», le pregunto. «Plastilina». Siempre
plastilina.

Desde que se ha incorporado a los niños de 3 a 6 años a la escuela
parece que se ha adoptado para ellos lo peor de las antiguas guarderías y lo peor del
colegio:

A los más pequeñitos se les trata como si fueran mayores para los
asuntos más delicados. Para ir al lavabo, abrir una botella de zumo o
ponerse una chaqueta, cada uno tiene que apañarse como pueda. Sin
embargo, se les trata como a bebés para todo lo demás.

La escuela no es capaz de cumplir con sus pobres objetivos y no se dan
explicaciones a nadie. Además, hay tantos niños por profesora que ésta
no se puede permitir el lujo de escuchar lo que cada uno tenga que
decir o de seguir el ritmo que cada niño requiera. Por otro lado, se
excluye tan radicalmente de la vida escolar a los padres que hay que
hacer tareas de espionaje para enterarse de cómo pasa el tiempo tu
pequeña.

Esta mañana me he acercado al padre de una compañera de Ana, (el que me ofrece más respeto y confianza):

—«¿Estás contento con el colegio?», le he preguntado.

Para mi asombro, encogió los hombros y dijo:

—«De momento, pues sí. Si fuera mayor y la educación fuese importante,
quizás no. Pero ahora, lo importante es que se lo pasa muy bien con sus
compañeros. Y, después, ya veremos.»

Me quedé pensando: «¿Como que “si fuese mayor y la educación fuera importante”? ¡Esta es la etapa más importante!»

La CNN
habla hoy de una mujer de 41 años, Amy Bobb, que tiene un hijo de ocho
y otro de tres. Al de ocho, que se llama Wesley, le da un ticket para
ver 30 minutos la televisión por cada 30 minutos que pase leyendo un
libro.

Pero es sólo una anécdota al final de un texto que trata de todo lo
contrario: cerca de la tercera parte de los jóvenes de entre 8 y 18
años tienen una habitación que se parece más a una sala de multimedia
que a un dormitorio —tienen vídeo, televisión, DVD, ordenador, teléfono,
música, play station, …. Y esto parece influir en su escasa capacidad
para centrarse en una sola cosa. Entrevistaron a 2000 estudiantes el
año pasado e hicieron comparativas con años anteriores. Por término
medio, dedican unas seis horas y media al día al uso recreativo de
estos aparatos, o sea, más de 44 horas semanales: cuatro
horas más que el horario laboral normal de un adulto. El 26% admitió
usar varias cosas a la vez: bajarse música de internet mientras habla
por teléfono, o chatear online mientras ve su programa favorito de
televisión.

«Todos los niños crecen, excepto uno. No
tardan en saber que van a crecer y Wendy lo supo de la siguiente
manera. Un día, cuando tenía dos años, estaba jugando en un jardín,
arrancó una flor más y corrió hasta su madre con ella. Supongo que
debía estar encantadora, ya que la señora Darling se llevó la mano al
corazón y exclamó:

– ¡Oh, por qué no podrás quedarte así para siempre!

No
hablaron más del asunto, pero desde entonces Wendy supo que tenía que
crecer. Siempre se sabe eso a partir de los dos años. Los dos años
marcan el principio del fin.»

Peter Pan, de James M. Barrie (edición en PDF

La de arriba es una imagen de la película Peter Pan,
de 1924, de Herbert Brenon. Aunque todo el mundo conoce más la versión
de Disney, este clásico del cine mudo es una joya. El papel del
niño que nunca crece —Peter Pan— lo hace una mujer —Betty Bronson
(abajo, en las fotos)— que
fue elegida por el propio Barrie para el papel.

      

Mucha gente cree que los hijos únicos son solitarios, egoístas e
inadaptados. Sin embargo, se han hecho cientos de estudios que
demuestran que son iguales que cualquier otro niño y que, además,
cuentan con ciertas ventajas en su desarrollo educativo: por ejemplo,
más atención de los padres, que repercute en una mayor autoestima del
pequeño. También suelen tener más recursos a su alcance, y se ha visto
que suelen obtener mejores notas y también puestos de trabajo más
prestigiosos.A pesar de la evidencia, la gente sigue creyendo en el
estereotipo de los hijos únicos, y para entender eso—según el doctor
Toni Falbo, catedrático de psicología y sociología de la educación de
la Universidad de Texas, en EEUU— hay que entender cómo piensa la
gente. Cada vez que alguien ve un caso que confirma su teoría, la
creencia en el estereotipo se reafirma. Pero, en cambio, no se
desvanece cuando comprueban que hay la misma cantidad de niños con
hermanos igual de egoístas, solitarios o inadaptados.

  • El artículo del doctor Falbo (en inglés)
  • Aquí
    hay un texto muy interesante (y largo) sobre la generación de hijos
    únicos en China que nacieron como resultado del llamamiento nacional
    «Una familia, un hijo», publicado en Chinatoday
  • Otro artículo sobre hijos únicos y sus pros y contras, publicado en solohijos.com
  • Consejos para padres de hijos únicos, de guiainfantil.com  
  •  

Algunos hijos únicos famosos:
Hans Christian Andersen, Mahatma Gandhi, Indira Gandhi, Elvis Presley,
Jean-Paul Sartre, Burt Bacharach, Robert De Niro, Clark Gable, William
Randolph Hearst, Elton John, Vivien Leigh, Emile Zola, John Lennon, Jay
Leno, Sammy Davis Jr., Leonardo da Vinci, Danielle Steel, …

El reportero de la BBC Phil Rees le llamaba “el chico de la cocina”.
Era un chaval de 17 años que llevaba tres encerrado en la cocina de sus
padres. Su madre no quiso revelar el nombre porque tenía miedo de que
los vecinos se enterasen. Un día volvió del colegio y decidió aislarse
del mundo, y sus padres tuvieron que construir una cocina nueva. Sufre
algo que el psiquiatra Tamakio Saito bautizó como hikikomori, y que se
ha traducido como aislamiento social.

Hay más de un millón de
adolescentes japoneses, sobre todo varones, que lo padecen. No pueden
hacer frente a la presión de sus padres y de la sociedad y deciden
recluirse durante meses o años en una habitación sin hacer otra cosa
que dormir durante el día y ver la televisión o jugar con el ordenador
por la noche. Se ha achacado sobre todo al bullying (acoso, burlas) de
los compañeros de clase (por la apariencia física, por cómo les va en
el colegio o en clase de gimnasia, por su nivel social o su raza) y a
la presión del sistema educativo.

«Tener un hikikomori en la
familia es a menudo vergonzoso, y es considerado en Japón un problema
interno de la familia. Los colegios y asistentes sociales pueden hacer
preguntas, pero normalmente no se involucran en la situación.», según
la Wikipedia. «La mayoría de los padres se limitan a esperar que el
niño supere sus problemas y regrese a la sociedad por su propia
voluntad.»

El fenómeno parece ser epidémico en Japón. Vió la luz hace unos años en el reportaje de la BBC Hikikomori, jóvenes invisibles, dirigido por Karen O´Connor, que se ha emitido repetidas veces en España en los últimos años.

Aunque
dicen que sólo ocurre en Japón, puede ser un aviso de lo que le puede
pasar a cualquier sociedad dominada por la competencia y la falta de
tiempo para las relaciones humanas. O sea, la nuestra. La vida de los
hikikomori se parece un poco a la de los personajes de Denise te llama, que es una película de 1996.

Definición de Hikikomori en la Wikipedia.

Japan: The Missing Million (BBCNews)

Japan’s Lost Generation (TimeAsia)

Staying In and Tuning Out (TimeAsia)

Japan’s lost generation of bedroom hermits (Scotland on Sunday)

Japan’s secret epidemic
(Al Jazeera)

Hikikomori: Tokyo Plastic (una película)