Los niños autistas rehúsan mirar a los ojos porque perciben como una
amenaza hasta el rostro más familiar. Lo han descubierto unos
científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison,
en EEUU. Analizaron la relación entre el movimiento de ojos y la
actividad cerebral, y encontraron que la amígdala —un centro emocional
del cerebro asociado a los sentimientos negativos— se ilumina de una
forma anormal mientras el niño autista mira a los ojos a un rostro no
amenazador. El estudio aparece en el número de la semana pasada del Nature Neuroscience

Ayer salió el suplemento del New York Times (NYT) en El País. En la página
de Ciencia y Tecnología metieron un interesante artículo de 2.125
palabras que publicó el NYT hace más de dos semanas bajo el título:
Looking for Personality in Animals, of All People. El País lo ha
titulado Igual resulta que los animales también tienen personalidad.
Queda la duda
de si es un título de prueba que se coló por error o es lo que meditaron para coronar el texto de Carl Zimmer.

Comparar el artículo
original con lo que ha quedado de él es un ejemplo de cómo se trabaja
en los periódicos españoles: el trabajo del que escribe es lo de menos; la profundidad del tema no se considera de interés; lo
mejor, a veces, es lo que se omite; y la fuente no importa nada.

Como la mayoría de los artículos de ciencia del NYT, el tema está
tratado con bastante profundidad. Hubiese merecido la pena darle la
página entera y
dejar los grillos de abajo
para otra ocasión. En la otra mitad de la página hay un par de fotos de
grillos, una de ellas de gran tamaño, acompañando un pequeño texto
titulado: Los
grillos listos viajan en manada
.

Ahí va el artículo entero. Y, en negrita, lo que omite El País:


Carl Zimmer / NYT /1marzo2005 

Un equipo de científicos holandeses intenta resolver el misterio de la
personalidad. Por ejemplo, ¿por qué algunas personas son tímidas y
otras, atrevidas? ¿Qué papeles juegan los genes  y el entorno en la
configuración de la personalidad? Y lo más misterioso de todo, ¿cómo
han evolucionado?

Los científicos trabajan en una ambiciosa serie de experimentos para
responder a estas preguntas. Estudian a miles de individuos, cómo
interactúan, comparan sus personalidades con las de sus descendientes y
analizan su ADN. Lo que puede resultar chocante es que sus sujetos tengan plumas. Científicos del Instituto de Ecología de Holanda investigan la personalidad de aves silvestres.

Hasta hace poco, la mayoría de los expertos en personalidad habría
considerado un estudio de este tipo como un estúpido antropomorfismo. «Se ve con suspicacia y menosprecio», dice Samuel Gosling, psicólogo de
la Universidad de Texas. Pero los científicos han descubierto que, en muchas especies, los
individuos se comportan de formas coherentemente distintas. Afirman que
estas diferencias cumplen con la definición científica de personalidad.

Si están en lo cierto, la personalidad humana tiene profundas raíces
evolutivas. «Es una cuestión de grado, no de diferencia», afirma Piet
Drent, del Instituto de Ecología de Holanda.


“Han ido a por lo más complejo”, dijo el dr. Sacha Dall, un biólogo evolucionista de la
Universidad de Exeter en Cornwall.

Los investigadores holandeses estudian la importancia de los genes en
la personalidad de las aves, y el efecto que personalidades diferentes
tienen en su supervivencia. Esperan poder realizar estudios paralelos en seres humanos para
ver si las mismas fuerzas que hay detrás de la evolución de la
personalidad en pájaros funcionan en nuestra propia especie.


La ciencia de la personalidad humana existe desde hace un siglo. Los
psicólogos han confiado en cuestionarios y en otros métodos de pruebas
para calcular sus dimensiones. Un método común, para los científicos,
es preguntar a los sujetos cómo se ajustan ciertos adjetivos a sí
mismos (o a las personas que conocen bien).

«Ciertos rasgos tienden a ir juntos», dice el doctor Gosling. «Nosotros
creemos que la gente que es energética también tiende a ser
habladora. No tiene por qué ser de esa forma, pero así es como suele
ser». El otro aspecto también es cierto: la gente menos energética
tiende a ser menos habladora.


Los psicólogos se han dado cuenta de que pueden agrupar estos rasgos en
sólo unas pocas medidas de personalidad. Las personas pueden ser más o menos
extrovertidas, por ejemplo, y eso significa que son sociables,
enérgicos y tienden a tener emociones positivas. Las mismas medidas se
han encontrado en todo el mundo, desde Zimbawe hasta el Ártico ruso, lo
que sugiere que son universales en humanos.


Algunos estudios han sugerido que los genes son responsables de algunas
de las diferencias entre los tipos de personalidad de la gente. Pero no
son muy concluyentes porque los científicos no pueden hacer
experimentos con humanos. «Las madres humanas no te dejan que les
cambies sus hijos al nacer, lo que sería un genial estudio para hacer»,
dice el doctor Gosling.


No ha sido hasta esta última década cuando los científicos han
investigado si los animales tienen personalidad. En un estudio
pioneron realizado a mediados de los 90, el Dr. Gosling estudió una
colonia de 34 hienas en la Universidad de California, Berkeley. «Mi
meta era simplemente decir ¿podemos medir la personalidad en animales?
No estaba claro si iba a funcionar o no», dijo.


El Dr. Gosling pidió a cuatro cuidadores de la colonia que rellenaran
cada día una versión modificada de un cuestionario humano para cada
animal.
«Resultó que concordaba con los resultados que se encuentra en humanos», dijo
el doctor Gosling. Aún más, las personalidades de las hienas
encajan con algunas de las halladas en humanos, como el carácter neurótico y la
simpatía. Desde entonces, una serie de estudios han documentado las
personalidades en animales, desde los chimpancés hasta los calamares.

Para algunos biólogos, el interrogante principal sobre estas
personalidades animales radica en por qué la selección natural conserva
una variedad tan amplia. «¿Por qué no se ha convertido en el estándar
un tipo de personalidad?», se pregunta el Dr. Drent. Si ser
extrovertido ofrece la mejores pronósticos para una hiena para
reproducirse, se debería esperar que a lo largo del tiempo, todas las
hienas llegasen a ser extrovertidas.

El doctor Drent y sus colegas esperan que su estudio en pájaros
pueda revelar algunas pistas. Están estudiando [Drent y sus colegas
estudian] un pariente europeo del paro, llamado carbonero común (Parus major).
La mayoría de los pájaros pasan toda su vida en un sólo bosque, y están
encantados de cambiarse a unas cómodas cajas nido proporcionadas por
los científicos. Como resultado, los investigadores holandeses pueden
seguir la pista de la población completa de pájaros durante años,
llevando tablas sobre su salud y su éxito reproductivo.

Los científicos también pueden
llevarse algunos pájaros al laboratorio
para medir sus personalidades o llevar a cabo experimentos de cría.
«Estos pájaros son perfectos para este tipo de estudios», dijo el
doctor Niels Dingemanse de la Universidad de Groningen, un colaborador
del Dr. Drent.


En lugar de cuestionarios, el equipo holandés prueba el comportamiento de los pájaros para medir su personalidad.

En el experimento, los científicos colocan un objeto extraño —un
bolígrafo luminoso y un muñeco de la Pantera Rosa—
en la jaula de un
pájaro. Algunos se aproximan rápidamente a él, mientras que otros se
apartan.

En otro experimento, los investigadores abren la puerta de una jaula,
permitiendo que los pájaros exploren una gran habitación en la que hay
cinco árboles artificiales. Algunos pájaros se lanzan enseguida sobre
los árboles, mientras que otros prefieren permanecer en la jaula.

En una tercera prueba, los investigadores colocan un cuenco de sabrosos
gusanos en la habitación. Cuando los pájaros aterrizan en el cuenco
para comer, los investigadores los sobresaltan elevando una placa
metálica cercana. Entonces observan cuánto tiempo tardan en volver al
cuenco.

Los experimentos revelan que los pájaros tienen personalidades
constantes que permanecen estables durante años. Los pájaros atrevidos,
como los llaman los cientificos, son rápidos a la hora de investigar
nuevos objetos y recuperarse del susto de la placa metálica.

Las aves tímidas son lentas en los tres experimentos. Las atrevidas son
también mas agresivas que las tímidas y experimentan menos estrés
cuando las manejan los científicos.

Los experimentos de cría en cautividad revelan que estos rasgos tienen
una sólida base genética. En sólo cuatro generaciones, los
investigadores pueden conseguir pájaros aún más atrevidos y otros más
tímidos. «El 50% de las variantes en personalidades aviares se debe a
diferencias genéticas», explica Kees van Oers, del Instituto Max Planck
de Ornitología
de Alemania.


El Dr. van Oers está buscando los genes responsables de estas
diferencias. Estima que hay 10 que pueden jugar un importante papel, y
ya ha localizado un fuerte candidato, conocido como DRD4.


Algunos estudios sobre la versión humana de este gen sugieren que
influye en el deseo de búsqueda de nuevas experiencias. Sin embargo,
otros
estudios han fallado cuando han intentado reproducir esta relación.
«Estamos todavía trabajando en los últimos retazos, pero suena
prometedor», dijo el Dr. van Oers.


Los genes de los rasgos atrevido y tímido se han mantenido por
selección natural. Para averiguar cómo ocurre esto, los investigadores
han descubierto cómo los pájaros con distintos rasgos se las apañan
durante años. «No estábamos seguros de qué resultados íbamos a obtener
porque nadie lo había hecho antes», dijo el dr. Dingemanse, que dirigió
esta parte del estudio.


Los investigadores descubrieron que la personalidad de los pájaros
repercute en su supervivencia y que esta repercusión varía de un año
para otro al fluctuar el suministro de alimento. «Es una historia
bastante compleja», dijo el Dr. Dingemanse.
  En años de escasez, las hembras atrevidas
tienen más posibilidades de sobrevivir que las tímidas, mientras que a
los machos tímidos les va mejor que a los atrevidos. Estos patrones se
intercambian en los años de comida abundante.

Sin embargo, a lo largo de varios años, los pájaros con personalidades
intermedias parecen tener más éxito a la hora de criar.  «A los
animales intermedios les iba mejor», dijo el Dr. Dingemanse.
Si los pájaros intermedios se adaptan mejor que los muy atrevidos o
tímidos,
Es extraño, por tanto, que todos los pájaros no sean
intermedios. Una posibilidad es que las personalidades intermedias
surjan cuando los pájaros hereden una versión “atrevida” de 
ciertos genes de un progenitor y una versión “tímida” del otro.

Dado que un pájaro tiene el 50% de posibilidades de heredar un gen del
padre o de la madre, es inevitable que algunos acaben con dos genes
“tímidos” o dos “atrevidos” y, como resultado, tengan personalidades
extremas.

Otra idea que los investigadores holandeses quieren estudiar es si la
vida social de los pájaros atrevidos y tímidos les ayuda a coexistir.


Cada año, los pájaros luchan por un territorio en el que pueden
encontrar alimento y criar. Los pajaros atrevidos son más agresivos que
los tímidos, y eso a veces ayuda a ganar el territorio. Pero los
científicos han encontrado que cuando los pájaros atrevidos pierden,
les cuesta más recuperarse. Acaban en el nivel más bajo de la jerarquía, y
en muchos casos simplemente se marchan. «Van a otros lugares a tratar
de ser el número uno», dijo el Dr. Drent.


Esta lucha puede equilibrar los pájaros entre personalidades atrevida y
tímida. Si hay muchos pájaros tímidos, los pocos atrevidos suben a
lo  más alto. Pero si hay muchos atrevidos, lucharán mucho, y
eso provocará que muchos pájaros se marchen. En estos casos, los
pocos pájaros tímidos prosperarán. «De manera que una de las
personalidades no puede desaparecer del todo», dice el Dr. Drent.
Él y sus colegas van a probar su hipótesis alterando el ratio de pájaros atrevidos y tímidos en el estado salvaje.


Muchos de estos hallazgos se encuentran en el número de febrero del Neuroscience y Biobehavioral Reviews.


Los científicos que estudian la personalidad animal esperan que su
trabajo traerá algunos beneficios prácticos. El Dr. Gosling y sus
estudiantes, por ejemplo, han estado centrando gran parte de su trabajo
en el estudio de la personalidad de los perros.


Una prueba precísa de la personalidad de los perros podría ayudar a las
protectoras de animales a combinar las mascotas con las familias.
También podría ayudar a identificar perros que están especialmente
indicados para trabajos como detectar explosivos.


Los estudios de la personalidad animal podrían además aclarar la
personalidad humana. Los investigadores holandeses están ahora
empezando a comparar su investigación en pájaros con la investigación
realizada con niños.


«Fue increíble ver cómo la forma en la que midieron el atrevimiento en
los pájaros se parece a las pruebas que tenemos para los niños
pequeños», dijo el Dr. Marcel van Aken, un psicólogo de la Universidad
de Utrecht
. Él y los investigadores de aves van a medir la
personalidad de los pájaros y de los humanos con una serie común de
pruebas, esperando encontrar pistas de la evolución de la personalidad
humana.

La poca investigación existente sobre la evolución de la personalidad humana hace pensar que hay paralelismos con las aves.

En un sondeo de 545 personas, Daniel Nettle de la Universidad de
NewCastle
, Inglaterra, descubrió que cuanto más extrovertidas, más
parejas sexuales tenían. Lo que podía haberles aportado una ventaja
evolutiva, pero Nettle también descubrió que tenían más posibilidades
de acabar en el hospital.


El Dr. Nettle ha entregado sus hallazgos para ser publicados en Evolution y Human Behavior.

Algunos expertos en personalidad humana se muestran escépticos. El Dr.
Daniel Cervone de la Universidad de Illinois de Chicago considera que
describir animales con términos como extroversión es “extremadamente
arriesgado”. La palabra significa inevitablemente algo distinto cuando
se aplica a un pájaro o a un humano.
«Hay un montón de cualidades humanas que simplemente no estarían entrando en el primer puesto de las clasificaciones», dice. Marcel van Aken, psicólogo de la Universidad de Utrecht, dice que
el antropomorfismo es peligroso, pero cree que evitable. «Hay que
definir qué es lo que se va a medir y, después, que hablen los datos».


La investigación sobre la personalidad viene muy a cuento por aquello que decíamos de la gente sensible.

El Periódico de Catalunya/Xavier Foz
«A
las causas habituales del miedo infantil (oscuridad, sombras…), hay
que sumar ahora el uso de internet. Del millón de niños internautas
españoles, alrededor de un 50% ha experimentado alguna vez sensación de
miedo ante ciertos contenidos de la red. El chat está en el origen de
la mayoría de estos temores. Otras causas son las páginas de carácter
racista, violento o sexual. Con respecto a la práctica de charlar por
la red, la paidofilia, tan presente en internet, ocasiona un elevado
porcentaje de estos sobresaltos.

Este fenómeno ha dado pie a una
campaña preventiva que tiene el apoyo de la ONG internacional Save the
Children
, autora de amplios estudios sobre la materia. Los peligros que
amenazan a la población infantil desde internet son una nueva
demostración del arma de doble filo que puede constituir a veces esta
extraordinaria herramienta de difusión y cultura. Tan revolucionaria
como lo fue en la edad media la imprenta, que transformó la sociedad
extendiendo a toda la población los conocimientos hasta entonces
blindados en la cerrada reserva de los conventos.

Si los clásicos
terrores infantiles demandan una reacción adecuada de los padres para
que no afecten a la futura estabilidad emocional de sus hijos, los que
se derivan del uso de internet –especialmente del hábito de chatear–
exigen también medidas de vigilancia paterna. Las recomendaciones de la
citada campaña se basan en un consejo tradicional: “No hables nunca con
extraños”. Menos aún, pues, con los de la red, donde la identidad de
los interlocutores suele camuflarse con mucha frecuencia.»

(Publicado hoy, en la página 5 de El Periódico).

«En Internet, la humillación —como todo lo demás— es pública. Carga un
video de tí mismo tocando la flauta con la nariz o bailando en ropa
interior y te verá gente desde Toledo a Turkmenistán». Esto es lo que
se leía el 26 de febrero en News.com en un artículo titulado Internet fame is cruel mistress for video dancer.
Trataba, entre otros, de Gary Brolsma: un chaval de 19 años, de Nueva
Jersey y aficionado a la videograbación. Cometió el gran error de
colgar en internet un clip
de si mismo bailando en el baño una conocida canción pop rumana,
“Dragostea Din Tei”. Gary llamó a su vídeo:
Numa Numa Dance. «Incluso en el espejo del baño, la actuación de
Brolsma solo podría describirse como seria pero nefasta».

En diciembre, el web newgrounds.com,
de vídeos y animación, hizo un enlace a la página de Brolsma y en poco
tiempo fue el foco de atención de medio mundo: Le llamaron de “Good
Morning America”, la CNN, el New York Times, … Pero dicen que el
muchacho se ha escondido en casa de sus padres, por donde deambula como
un alma en pena, desanimado, y no contesta ni al teléfono. Lo triste es
que ni sus amigos pueden comprenderle y le animan a que aproveche “el
éxito”.

Ahora,  Buenafuente
lo ha hecho famoso en España y ha convocado el concurso Pluma Pluma
Gay. A pesar de lo que pueda parecer, el programa de Andreu es lo más
civilizado que se emite en este país. Además, aunque lo pasen a media
noche, podría verlo hasta un niño de tres años.

«El acceso de los más pequeños a Internet despierta sentimientos
encontrados. Es cierto que navegar tiene cierto peligro. ¿Cómo evitarlo?
Tan pronto comenzó a popularizarse Internet, padres y educadores
mostraron su preocupación por el uso de esta herramienta por parte de
sus niños. El 70% de los padres aseguran que no están tranquilos
mientras sus hijos pequeños están navegando. Pero paradójicamente el
95% de ellos les dejan navegar solos». El resto del artículo en 20 minutos. Melisa Tuya.

Hoy ha habido reunión de padres para la entrega del boletín de “notas”
de Infantil. Pero habría que explicar antes las peculiaridades de la
clase y del colegio. Aunque se trate de un
colegio público valenciano,  hay alumnos españoles, británicos,
alemanes, argentinos, belgas, chinos, franceses, italianos, marroquíes,
holandeses, suizos, uruguayos, venezolanos, ecuatorianos, colombianos,
un polaco, un argelino, un cubano y un georgiano. Concretamente, el 80%
del alumnado es de procedencia extranjera. En la clase de infantil de
Ana, ella es la única niña española. La mayoría son ingleses. Hay
algunos hispanos, una marroquí y un par de origen francés.
 

Cuando asistimos a la reunión trimestral, nos sentamos alrededor de las
dos mesas del aula en las sillas diminutas. Los padres ingleses suelen
sentarse todos juntos, aunque no se conocen de nada, y alrededor de la
otra mesita se sientan los hispanos. Uno de los padres ingleses —el
único que sabe español— hace siempre de traductor. Es un hombre robusto
que traduce con  mucho convencimiento y con una voz muy grave las palabras que
dice la profesora. Suena un poco cómico.

«Ya entienden y hablan perfectamente el español y el valenciano»,
sentenció Emma mirando a los ingleses. El padre traductor lo repetía
como si lo creyera. Les dijo lo mismo en Navidad, poco después de
empezar el curso. Concretamente, en aquella primera reunión anunció:
«¡Ya son trilingües!»

Pero después de abordar el tema ‘aprendizaje del español en el
colegio público’, Emma empezó a
contradecirse y a decir que mezclan el
castellano con el valenciano y dicen cosas como “Me duelen los peus”.
También le dijo a una madre inglesa que cuando le preguntaba
a su hija, Ashley, si este color era rojo decía SI; y si cambiaba de
color y le
hacía la misma pregunta, volvía a responder SI; y así una y otra vez.
«Pero yo creo que lo sabe, es que está muy despistada y no se centra,
siempre está mirando las nubes», añadió. La madre afirmaba con la
cabeza y la miraba perpleja.

La profesora  continuó haciendo hincapié en los conocimientos de
las letras. «Saben muchas letras». «Hay niños que saben escribir». «Por
ejemplo, eso de ahí de la pizarra, donde pone miércoles, lo hemos
puesto hoy. Yo les voy diciendo las letras y las ponen ellos». Y se
dirigió a una madre inglesa para decirle que cuando le pedía a su hijo
que escribiese su nombre, lo hacía, y después ponía Emma y también el
nombre de su hermano. «Es muy rápido e inteligente», decía. «What
is “rapido”?», le preguntaba la madre a una vecina. Entre tanto, Emma le recordó
a la madre de Ashley que su hija estaba en
babia y por eso no había apuntado ninguna letra en el apartado del boletín de
notas “sé escribir estas letras”. Espero que no haya hecho mucho caso a las descalificaciones de la profesora.

Lo que más me gusta de ese boletín es la última página, donde cada uno se
hace su autorretrato. Es una obra de arte titulada: Así soy yo.

Teresa Johnson, Kristin Gullans y Rob Sayer están detrás de Music Kids,
un divertido programa de música y movimiento para niños de hasta cuatro
años acompañados por uno de sus padres o cuidadores. Music Kids está
basado en The Music Class,
«un programa de educación musical disfrutado desde hace 10 años por
padres de 80 ciudades de todo el mundo», según reza en su web. Están en Valencia, y la matrícula ya está abierta para el
próximo curso. Ofrecen una clase gratis de prueba antes de inscribirse.
Ah! Y dicen que también se aprenderá inglés.

Buscar un centro de educación musical para niños de tres años en España
es muy complicado. Pero, si vives lejos de las grandes ciudades, lo es
mucho más. Y no es porque no los haya. Pero, aunque cada vez hay mas
publicaciones gratuitas locales, no hay buenas referencias sobre qué se
ofrece en cada lugar. Y es mucho peor en Internet. Yo buceé durante varias semanas por directorios españoles caóticos
llenos de enlaces rotos, hasta que, harta de no encontrar nada, decidí
dirigirme a los expertos en el asunto, por surrealista que pueda
parecer.

Contacté con la atenta directora de la Sociedad para la
Educación Musical en el Estado Español (SEM-EE), Maravillas Dí­az.
Busqué al profesor Vicente Sanjosé Huguet, de la Universidad de
Valencia (que publicó por esas fechas (4-6-2004) en Las Provincias el
artí­culo ¿Menos música y más matemáticas?).  Acudí a la Asociacion
Mundial de Educadores Infantiles
(que ni contestaron); a la revista Filomúsica; a los del
método Suzuki; a la Asociación Willems, …

Isabel F. Álvarez, de Filomúsica, aunque no pudo darme pistas, escribió un artículo inspirado en mi
e-mail de búsqueda desesperada. Lo tituló
Orientaciones para familias con niños menores de seis años. Maravillas
Díaz —que, aunque yo pensaba que estaba en Valencia, reside en el País Vasco y estaba liada preparando el congreso
de la International Society for Music Education (ISME2004)— me remitió
a la Generalitat Valenciana. Pero de ahí sólo logré una lista de
academias de música para adultos. En resumen, de todos los citados, los del método Willems
desde su sede central en Francia fueron los únicos que me dieron una pista
cercana: me enviaron el teléfono de una profesora de música diplomada
por su método y que viví­a a 30 Km de nuestra casa.

Resultó ser una pianista que sólo impartía clase a mayores de nueve
años, pero nos habló de un curso de música para niños de tres y cuatro
años que se iba a impartir ese verano en la Sociedad Musical de Sax,
Alicante.

Por fin llegó el primer dí­a de clase. Recorrimos unos buenos
kilómetros bajo el tórrido sol a la búsqueda de la escuela musical
infantil. Iba a ser el primer contacto de Ana, a sus dos añitos y
medio, con una escuela, y tenía que ser especial porque era de música.
Yo imaginé instrumentos, sonidos, un espacio recogido y amable, risas y
juegos, …

Para nuestro asombro, era un edificio viejo al que no habí­an destinado
ningún presupuesto en las últimas tres décadas. En las paredes de la
entrada, habían muchas fotos de bandas de música de los últimos 40
años, dejando constancia de la tradición musical de la ciudad. Más
adentro, habí­a una única sala, como un gimnasio, con músicos
adolescentes ensayando en una esquina. Los techos eran muy altos y de
ellos se iban desprendiendo una especie de hueveras amarillentas. El
aspecto era deplorable. Y hacía un calor sofocante.

La directora del centro era tan encantadora como por teléfono. Pero la
profesora del curso resultó ser una especie de militar que gritaba para
dirigirse a los niños y se movía pesadamente de un lado a otro. Aunque
se mostró amable, me miraba raro porque pedí quedarme con Ana hasta que
ella quisiera que me marchara. La pequeña estaba pegada a mi como una
lapa y no quería ni poner el pie en el suelo. La única forma de que se
quedara era quedarme yo con ella.

La clase se formó en torno a una tabla alargada, sentados en sillas
plegables de madera. Una chica de unos 17 años la ayudaba. Quisieron
empezar la clase con unas fotocopias de instrumentos para colorear,
pero la fotocopiadora no funcionaba bien. Salieron todas oscuras, pero
las repartieron igualmente. Los niños pintaron sobre folios grises
mientras la profesora pasaba por detrás de cada uno y comentaba a voz
en grito: «¡¡Qué bien!! ¡¡Qué bien lo haces!! ¡Muy bonito! ¡Venga,
pinta!». Cada vez que pasaba por detrás, Ana se encogía y me decía:
«Pinta tú».

Llegó el turno de las canciones. Hizo poner a todos en pie, formando un
círculo a su alrededor, y empezó a cantar canciones del tipo “Yo tengo
una casita, así, así, así de pequeñita…”. Después de cantar un par,
dijo que era la hora de merendar y todos sacaron un bocadillo y se
sentaron maquinalmente en el suelo, en círculo, como si lo hubiesen
hecho cada día de su vida.

Entonces fue cuando Ana empezó a relajarse y se despegó de mi falda.
Bajó a pisar suelo y empezó a investigar los alrededores. Pero tuvo la
mala fortuna de tocar unas sillas apiladas contra la pared que se
abrieron y desplomaron haciendo mucho ruido. Los niños gritaron un
¡¡¡HALAAAAAA!!!, y Ana empezó a llorar.

La maestra aprovechó para mejorar la situación: «¡¡ANA, ve a sentarte
con tus compañeros!!! ¡¡Tus compañeros quieren que te sientes son
ellos!!! ¡¡No puedes estar con tu mamá siempre!! Si sigues ahí con tu
mamá, todos tus compañeros empezarán a llorar porque no está la
suya!!!!»
 
Los niños miraban a la profesora sin prestar demasiada atención a lo
que decía. Aparte de un niño que había entrado a la fuerza después de
que su abuelo le diese un par de guantazos, el resto parecía sentirse
como en casa, aunque no mostraban ningún entusiasmo. Ana y yo estábamos perplejas ante la tan idealizada “clase de música”.

Y entonces fue cuando la maestra aprovechó para aleccionarme a
mi también: «¡¡Tienes que dejarla e irte!! ¡Aunque llore, da igual! ¡Es normal,
todos lloran el primer día!!! ¡¡Hazme caso!! ¡¡Yo estoy dando clases a
niños pequeños desde hace quince años, y lo sé muy bien!! ¡El primer
día de clase he llevado a más de uno llorando, a rastras, y agarrándose
a todos los árboles del paseo hasta llegar al colegio».

Creo que no hizo falta oír más. Nunca volvimos. Y desistí de la búsqueda.

Un mes más tarde, supe que había un curso de música para preescolares
en el pueblo donde pasamos cada fin de semana, a cinco minutos de casa.
No estaba anunciado en ninguna parte y no lo conocía ni la gente del
pueblo. Me enteré entrando a la Casa de la Música y preguntando si había
algo así. Y resultó que sí.

La maestra es una profesora fantástica que
sabe trasmitir su entusiasmo a los pequeños. Se llama Toñi. Toca el
piano, el clarinete, el obóe y la guitarra. Los niños experimentan con
sonidos, con el ritmo, cantan, bailan, ven y tocan instrumentos de
verdad, escuchan música y aprenden jugando, … y están encantados con ella. Lo único
malo es que sólo dura una hora a la semana. Yo cambiaría el colegio
diario por una clase así.

Por cierto, Ana entró sola por su propio pie y sin llorar el primer día. Los más pequeños saben muy bien lo que hacen.
 

«La infancia, dice la Enciclopedia de los niños, es un tiempo de
dicha inocente, que debe pasarse en los prados entre ranúnculos dorados
y conejitos, o bien junto a una chimenea, absorto en la lectura de un
cuento. Esta visión de la infancia le es completamente ajena. Nada de
lo que experimenta en Worcester, ya sea en casa o en el colegio, lo
lleva a pensar que la infancia sea otra cosa que un tiempo en el que se
aprietan los dientes y se aguanta».

«Al parecer siempre se equivoca en
algo. Quiera lo que quiera, le guste lo que le guste, tarde o temprano
tiene que convertirlo en un secreto. Empieza a verse a sí mismo como
una de esas arañas que vive en un agujero con trampilla cavado en la
tierra. La araña siempre tiene que estar regresando a toda prisa a su
agujero, cerrando la trampilla, exluyéndose del mundo,
escondiéndose.»

Fragmentos de Infancia, de J. M. Coetzee, premio nobel de literatura en el año 2003.

      

«Concibo el proceso creativo como un juego. Cuando uno juega
de niño se da ese perderse en la consciencia y sólo lo rescato
dibujando o inventando. Para el niño su juego es intrascendente,
no persigue objetivos. Cuando trabajo dejo que fluya y lo
que me sale es lo que saco. No me cierro a nada ni aseguro
que voy a hacer nada.»

Fragmento de una entrevista al dibujante de cómic Miguel Brieva,
colaborador de La Vanguardia, El País de las Tentaciones, Rolling Stones, …

Las ilustraciones son de su publicación DINERO, y estaban en librodenotas.com. Se pueden comprar aquí.