Por fin se ha acabado el curso. Nos vamos de vacaciones. Ojalá fuese
a una playa como la de arenas blancas, limpia, serena y vacía. Pero,
¿acaso existe? Las que yo conozco tienen colillas en el suelo, y una
máquina pasa cada mañana para tratar de limpiar toda la porquería que
dejaron los humanos el día anterior. Y eso que estamos en una comunidad
que vive principalmente de su turismo. Pero prefiere gastar el dinero
en millonarias esculturas de cartón —para quemar en una noche, entre
chiringuitos de embutido y sangría— y ahorrar en otras cosas como la
limpieza de las ciudades o los frenos automáticos para los trenes del
metro.

Feliz desconexión. A la vuelta, reintentaremos eso de devolver los comentarios al blog.

Como dice Arguiñano: Mucho cuidado por la carretera, y… los niños, ¡siempre atrás y bien atados!