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Exposición Handel y los 'castrati'
Castrados por amor al arte
Castrados pero mujeriegos
La castración no implicaba impotencia y muchos gozaron de una activa vida sexual. No siempre perdían la líbido y a las mujeres les encantaba la idea de que una aventura con ellos no resultase en embarazo.
Provocaban auténticos ataques de frenesí en sus legiones de admiradoras. «Las damas mostraban un placer ilimitado: lanzaban halagos al escenario, guirnaldas de laurel, pareados o sonetos apasionados, y no iban a ninguna parte sin llevar una imagen de su castrato favorito sobre su corazón», dice Patrick Barbier en su libro The world of castrati: the history of an extraordinary operatic phenomenon (El mundo de los castrati: la historia de un fenómeno operístico extraordinario, 1996).
También es famoso el incidente que ocurrió a Farinelli, al que una mujer entre el público le gritó: «¡Un Dios, un Farinelli!». Aunque éste no parecía mostrar ningún interés por el sexo.
Muchos de los líos amorosos fueron secretos, pero otros no lo fueron tanto, como es el caso del pobre Giovanni Francesco Grossi que fue asesinado por los parientes de su amante, una viuda de Módena, en 1697.
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