Abril de 2007, nº 19
Dave digs Disney
El legendario Brubeck se inspiró para este álbum en una visita que hizo a Disneyland con sus hijos.
Ser o no ser "alguien"
«A nuestro alrededor,
siempre hay un poderoso "alguien" abusando de un "nadie"». —Robert Fuller.
Guardería: en pequeñas dosis
Jay Belsky. La historia del estudio
El estudio ha recibido muchas críticas, sobre todo hacia aquellos científicos que se plantean abiertamente si esto es sólo la punta del iceberg. Jay Belsky ya está acostumbrado a esta polémica: «¿Por qué no se critica cuando los investigadores detectan una relación positiva entre la calidad de la atención y el desarrollo del niño y, basándose en datos no experimentales, sacan conclusiones causa-efecto como "esto indica que necesitamos atención de mejor calidad" (algo con lo que, por cierto, estoy completamente de acuerdo)?».
Se podría decir que fue el doctor Belsky quien inició la polémica sobre el cuidado infantil a mediados de los años 80. Como dice él mismo, se convirtió en una lección sobre la "Guerra de las Mamás" (Mommy Wars) y lo políticamente correcto.
A finales de los años 70, Jay Belsky se hizo famoso al publicar unos estudios que tranquilizaban a las madres trabajadoras. No había por qué preocuparse, decían esas investigaciones, el cuidado de los niños fuera de casa no les perjudica. Sin embargo, a lo largo de la década siguiente, Belsky se fue encontrando con «un lento y continuo goteo de pruebas», según él lo describe, que le convencieron de que mucho tiempo en la guardería, sobre todo para los niños más pequeños, podía estar relacionado con problemas de comportamiento posteriores.
Cada vez que se encontraba con una de esas pruebas, trataba de buscarle
algún fallo para rechazar los resultados. Un estudio
relacionaba las guarderías con las rabietas, pero se rechazó porque se
basaba en informes de las madres. Otro las implicaba en problemas en
la relación de la madre con su hijo, pero se rechazó porque sólo se refería a personas de bajos ingresos. «Hasta que llegó un
punto», dice Belskey, «en el que me sentí como un pretzel [una especie de rosquilla], retorciéndome al intentar rechazar estas
conclusiones». En 1986, cuando Belsky tenía 33 años y ya era famoso
en el campo del Desarrollo Humano, se dijo «ya no puedo seguir haciendo
esto» y publicó sus sugerencias en una carta titulada "Infant Day Care: A cause for concern" [Guarderías: motivo para preocuparse]. Al inicio de la carta, se
le ocurrió contar que a sus dos hijos los cuidaba su madre.
La respuesta fue estruendosa. Sheryl Gay Stolberg escribió
para el New York Times que era equivalente a que Belsky hubiese defendido el
infanticidio. Sus colegas le evitaban en los congresos. Un libro que
escribió con otro autor dejó de venderse, y los editores acabaron quitando su
nombre de la portada. Le tacharon de misógino y de cosas peores. En
el punto álgido de esa etapa, Belsky dio una conferencia en Nueva York,
y cuenta que llegó a temer por su vida.
Ya han pasado dos décadas
de aquello y ahora el doctor Belsky —profesor en la
Universidad de Londres— está involucrado en el mayor estudio sobre
cuidado infantil de cuantos se han realizado en Estados Unidos,
dirigido por una docena de investigadores y subvencionado por los Institutos
Nacionales de la Salud, en parte para abordar las críticas surgidas
hace 20 años. Los resultados confirman lo que Belsky dijo entonces.
Algunos de los científicos que criticaron a Belsky en 1986 son ahora
co-autores en el estudio del NIH. La mayoría de ellos son mujeres, y
Belsky ha declarado en alguna ocasión que cree que él puede provocar un resentimiento extra en el público porque es hombre.
La
primera ronda de conclusiones apareció en el 2001. Hace unos días salió la segunda parte. La reacción ha sido prácticamente la misma.
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